martes, marzo 02, 2010

Yo creo en los ángeles

Este post empezó a existir a la 1:00 p.m. Comía un suculento puré de yuca con jamón a la plancha, preparado por mi madre. Entre bocado y bocado, pensé en ella, en Doña Luz. Me la imaginaba preparándome el puré, con toda su calma y su ternura. Seguro mientras lo hacía, pensó en mí y le puso un poquito de mantequilla y algo de agua fría para suavizarlo, tal como a mi me gusta. 
No les miento cuando digo que estaba delicioso. Si. No era nada del otro mundo, pero tenía el ingrediente más importante del mundo: el amor. Entoces, me puse ñoña y se me aguaron los ojos. Pensé: "mi mamá es un ángel". Y rodaban dos gotas por mis mejillas, mientras recordaba lo temprano que se levantó esta mañana para terminar de ayudarme a preparar la comida. De pronto empecé a recordar muchas de sus dulzuras, encerradas en detalles tan curiosos que sólo un alma sublime puede dar. Pensé en aquella madrugada que se levantó a verme. Yo estaba medio despierta y escuché cuando le dijo a mi padre: "Mírala. Está en la misma posición en la que se acostó". Entonces resolví que estaba espiando mi sueño, como cuando era niña y me enfermaba tan frecuentemente. Siempre iba con sus manos cálidas a toparme la frente o a cerciorarse que estaba respirando correctamente. Si me atacaba la tos, no pasaban 5 minutos para que llegara con una cucharada de azúcar a endulzarme. Me preguntaba si había podido dormir y si quería agua. 
Recuerdo también las veces que me despierta cuando me quedó dormida en el mueble o en la mesa, con la cabeza metida en el cuaderno y el lápiz en la mano. Me toca por la espalda y me ayuda a levantarme, mientras voy refunfuñando y caminando a tientas, media turuleca del sueño. Hasta que no ve que estoy acostada, ella no se duerme. 
¿Qué más prueba quieren? Mi madre es un ángel. Yo mientras vida tenga, no podré pagar sus desvelos, su preocupación por mi, su amor, su entrega, su bondad. 
Mi madre irá al cielo, porque de allí vino. Dios nos la prestó para que viniera a repartir milagros escondidos en cajitas de cristal: frágiles, humildes, invaluables. 
Pido a Dios que me ayude a ser mejor hija, más agradecida. Ojalá que pueda ser tan buena madre, tan buena esposa, tan buena mujer como lo es ella. Aunque lo dudo. Mi madre no tiene par. Recuerden: ella es un ángel.

1 comentario:

Virus Infernal dijo...

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