lunes, mayo 11, 2009

PAZ

Despertar. Ese fue el primer milagro que recibí este día. No me dí cuenta. Me senté en la cama, y una inquietud invadió mi cuerpo. Llevo 'tiempo' luchando por no darme por vencida. Y la sensación de cobardía aparecía fresquesita como el café recién colado que tomo todas las mañanas.
Bajo de la cama y me miro al espejo. Una manía, despues de la de mirar por la ventana y observar el cielo. Sólo que hoy fue una acción mecánica, que no me llevó a mi segunda acción de gracias por los otros milagros: el de la creación y el de que yo pueda contemplarla.
Tomé la toalla. Caminé al baño. La batalla mental ya había empezado. No quería pensar. Ahora las armas apuntaban a mi sensibilidad, a mis sentimientos. El E, hiere en mi fragilidad y se anota un punto a su favor. Lo sabe. Lo sé.
El café de hoy esta delicioso. Las galletas Bagley con las que lo acompaño, también. Tomo el último sorbo complacida. Es el primer momento en que siento disipar mi tormento. Mi mente por esos segundos sólo pensó en lo bueno que le había quedado el café a mi Papá.
Antes de marcharme, miro la Biblia. Esta en el sofá pequeño que se puede ver desde la calle. Lo miro como si mirara al mismo Dios. Le digo algo, que guardo para mis adentros. No puedo llevarla comingo. Mi cartera es muy pequeña y ya va muy pesada. Ahora me arrepiento.
De camino, Juan Luis Guerra y "Sólo tengo ojos para tí" nublaron la distracción empeñada que tenía para burlar mi "cosas". Luego "Burbujas de amor" remató. El especial de dos a las 7, había iniciado, para la alegría de mis amigos, y para despertar la melancolía que llevaba atada. Salí del vehículo. Mire al cielo. "Dios", sólo pude decir.
La batalla sigue, me persigue. El E, me tienta, no quiere que ore. Me ataca, me hace sentir inútil, insensible y sensible a la vez. Siento tristeza. Lo ha conseguido, pienso. Pero no. A pesar de todo, lloro orando al Señor para que aparte todo pensamiento que vaga en mi mente. Le pido fuerzas, ya las mías se agotaron, pienso. Recuerdo a San Pablo.
Sé que mientras más cerca quiera estar del Señor, mientras más el Señor demande de mi. Mientras más reciba de Él, más fuertes serán los ataques de El E,.
San Pedro, en una de sus cartas, me recuerda que debemos estar alegres de compartir la cruz de Cristo, si el sufrimiento que padecemos es por El, pues recibiremos "grandes alegrias".
Enciendo el computador. No quiero, pero necesito escribir. Para el momento en que ya había iniciado, una paz invadió mi corazón. "Gracias". Teclear me ha dado calma... (me detuve un segundo para saborearla, con los ojos cerrados).
"Paz en medio de la tormenta". Pienso en el título de la canción. Chiky menciona esa frase el pasado sábado para decir como se siente a pesar de todo lo que está atravesando. A eso aspiro. A encontrar, a tener paz en medio de la tormenta.
Sigo en pie, con mi lucha. Carcomida en parte por la angustia de la espera... Siento paz. Miro y no veo nada. Me siento impotente, sin saber que hacer, que decir. Pero siento paz.
"Esto a penas comienza", pienso y rio.
La vida continúa. La mañana despierta hermosa, tranquila. Los vehículos pasan algunos más aprisa que otros. Ya el reloj digital marca las 8:03 minutos. El frutero de la esquina espera su clientela fija, y la que se anota al pasar, queriendo empezar el día saludable. La gente avanza en sus trajes, impecablemente planchados, o jeans y franelas, a sus respectivos trabajos. Unos a pie, otros en carros o en motores, como el que acabo de ver pasar desde mi ventana. Suspiro. Todo ha vuelto a la normalidad.

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