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miércoles, julio 22, 2009

Llueve sobre mojado

Salí a la calle envuelta en un turbante. Debo protegerme del clima, de la lluvía que amenaza con cubrir algunas zonas del país por estos días.
Al igual que yo, muchos andan con su paraguas. Las "damas" que no tienen su pañuelo, llevan un gorrito plástico, (el que se usa para bañarse o calentar un tinte) que casi siempre es estampado, con floresitas amarillas o algo parecido.
Para evitar que se mojen, la "gente" se embrolla los pantalones un poco, a la altura de los tobillos. Andar por la calle, a pie, un día de estos, es toda una aventura, que consta de un sinnúmero de peculiaridades que le son características. Por ejemplo, las mujeres llegan en "tubi" o anchoitas al trabajo para evitar que se les "engrife" el pelo. Andan en calipsos para evitar que se le mojen los zapatos, que llevan en una funda adicional, más allá de la cartera, el bulto de comida y el macuto de ir al salón, porque siempre que una se antoja de lavarse la cabeza, llueve. Ah! Aparte de la sombrilla, que si es muy grande, no se puede llevar en la cartera. Y los cuadernos y libros de la universidad. Lo más lindo es cuando en este situación, suena el celular y hay que hacer malabares para contestar la llamada. Es un espectáculo digno de admirar y exclusivo de la mujer. Es muy raro ver a un hombre cargado con algo más que no sea su carnet y su comida.
Pero el asunto que hoy me inquieta no es la lluvia ni la destreza de la mujer para manejar varias situaciones a la vez. Lo que se llama "multitasking" en inglés.
El preámbulo obligado de hoy me lleva hacia las constantes protestas que estamos viviendo en estos días. Las noticias no hacen más que anunciar las denuncias que hay en los barrios, tanto de la capital como del interior del país. Además, de los apagones, accidentes, muertes y pesquisas que descubren la drogas que parecen anegar más al país que la misma lluvia. Hay una alerta general que preocupa más que las fuertes lluvias y rafagas de viento que anunció bien temprano la ingeniera Gloria Ceballos, directora de la Oficina Nacional de Meteorología. Estamos a la expectativa de inundaciones, más de la que ya es víctima la región Sur del país, con la crecida y salinidad del Lago Enriquillo y el Saumatre, que amenaza no sólo las plantaciones de los pobres campesinos, sino también el habitat del Cocodrilo. A todo esto se suma la indiferencia de los funcionarios encargados de corregir estos males, de hacer "algo", y que se hacen de la vista gorda, mientras los pobres ven diluirse en el pozo de la desesperación las cientos de promesas, palabra que poco a poco, está perdiendo más su sentido. Mi más "sentido" pésame para ella, que yace herida en la boca de los políticos avaros de este país, destruyéndola.
Me sorprende como pueden muchos andar en su "yipetas" con los cristales subidos y el aire full, indiferentes ante tanta pobreza, tanta maldad, tanto dolor, mientras chatean por su "bb" o dan la orden a un Amet, para que haga tapones y desespere al pueblo, mientras el puede pasar sin traumas por cualquier semáforo.
Cierro los ojos y miro cuantos extremos hay en este mundo a causa del hambre insaciable de poder y de riqueza que tiene el hombre. El mismo hombre que Dios hizo a su imagen y semejanza...
Me detengo, con un apreton en el corazón que me retuerce. No quiero llorar. Quiero hacer algo. Levantar mi voz en favor de aquellos que están roncos por tanto gritar. De llevar luz a aquellos que sólo han vivido en tinieblas. De ser esperanza para aquellos que nunca han tenido fe, por culpa tal vez hasta mia; de un mundo que no se conduele de ellos.
Poder levantar a muchos caídos y detener al menos un poco de la injusticia que "por unas monedas" pretende enfermar de cáncer el país con una cementera. Hasta dónde llegará el hombre por su ambición. ¿Hasta dónde?
Y es normal que nadie crea en nadie, cuando los mismos que deben protegernos del mal, son los que nos atacan, nos encalloñonan sin compasión y nos aniquilan. Como creer si quienes nos gobiernan, solo piensan en incrementar los millones de que tienes en los bancos, a costilla del pueblo, que no soporta más llagas.
No quiero ser pesimista, porque no lo soy. Pero comprendo el llanto de la gente, la indignación del pobre que no encuentra empleo aun esté preparado; de la tristeza del enfermo que no tiene para comprar sus medicamentos; del que se empobrece pagando impuestos, para que unos "chulos" se echen fresco en su casa, sin dar un golpe ni de Karate, pues su "botella" le basta. Del que se humilla por un sueldo mínimo porque no está pegado. Del que lo discriminan por su color de piel o por que no tiene un apellido "conocido".
Yo también me siento cansada de ver la hipocresía y el cinismo de quienes nos representan ensacados levantando sus manos y, de los que hablan disparates, creyendo que van a marear al pueblo con espejitos, porque todavía creen que estamos en la época de la colonia y que somos indios...
El pronóstico no nos augura nada bueno... pero hay que hacer y creer. Luchar con fe y dignidad. No dejar que nos nublen la esperanza, aunque de paso, nos parezca imposible.

martes, junio 30, 2009

Al fin!!

Wao! Cuánto tiempo sin verte querido blog. No sabes lo que extrañé escribir sobre ti. Necesitaba tanto tu acogida, tu bienvenida a mis letras desnudas. Sin mucho ánimo me recibe el día que, al fin, permite que entre a tus páginas virtuales, rompiendo un hielo silente de casi quince días, eternos para mi...
Cuando al fin, el Internet decide hacerme las pases, y cuando mi papá y mi hermano me dan el permiso, entonces siento pesados los dedos, embotada la mente, triste los ojos... Pero no podía perder esta preciosa oportunidad, al menos para decir hola, y despedirme de Chicho. Si, Chicho, el gato, murió esta madrugada. Fue una pena verlo como pedir ayuda y no poder hacer nada para salvarlo. Verlo convulsionar, revolcarse de dolor, con una inclemencia que ni le permitia maullar... tanto que le gustaba. Ya no lo veremos más saltar y correr... arrañar los muebles, jugar con las fundas y entrar en todo lo que tenga un agujero... ir a despertar a mi hermana para que le eche comida...
Como duele ver morir... aunque sea un animal, no deja de ser cruel. Me pregunto: Cómo puede haber gente tan perversa que mate animales sin ningún remordimiento. Si tan sólo lo hubieran visto... Habrá un cielo para animales?

En tanto, le digo adiós a unas efimerísimas vacaciones, disfrutando de estar en casa, en familia. De levantarme tarde, de ir a misa fresquesita todos los días, de dormir la siesta en las tardes. Además, ha sido una semana llena de bendiciones, de esperanzas, y de promesas. Presuntos Implicados, con su melodia de fondo, ha inspirado uno que otros versos. Se ha convertido en una adicción que me acompaña todas las mañanas, luego del café.
Y leer. Que rico es leer a las anchas, sin prisa, sin pausa. De eso también disfruté.
Además, comprobé que todavía tengo sueños que no olvido... cosas que todavía quiero hacer, que tal vez por su sencillez, deje de lado. Y también, tuve que tomar muchas decisiones difíciles.
Pensé mucho en Abrahám, cuando estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac. Siento que Dios quiere probar si en verdad El es lo más importante en mi vida...

Así estuvo esta quincena de ausencia. Les dejo un poema que escribí en las vísperas de las vacaciones, o sea, hace casi un mes. Es una carta, pero sin remitente... aún.

Hola! Te escribo esta carta...
Hace mucho que te escribo cartas, ¿sabes?
Las tengo guardadas en una caja de rosas,
perfumadas con frangracia de fresno y atadas con una
cinta azul y otra blanca.
La azul no es porque eres hombre,
sino porque intuyo es tu color favorito, ¿me equivoco?
La blanca es por mi
porque aunque sencillo
es puro y limpio lo que te ofrezco. ¿Lo querrás?

Hace mucho que te escribo, ¿ lo sabías?
Te escribo mientras sueño bajo la sombra de una acacia
o un frondoso frutal de mangos.
Te escribo a la orilla de la noche
con el mar de complice, la luna de farol
y la arena cosquilleando mis dedos,
mientras te abrazo en mi mente
cuando te escribo.

Mis letras las dibujo pensando en tu cara sin rostro
despierta, dormida,
en la incomodidad y con el ruido de las calles
en mi corazón palpitante
con mis pequeñas manos,
vacilantes, temerosas, frías.

Te escribo
con el arullo silente de la madrugada
que me cala los huesos.
Te escribo con el aroma del café recién colado
con el último sorbo...

Te escribo con el murmullo divino y sublime de la lluvia.
A pleno sol, con la brisa rozando mi rostro,
alborotando mi cabello mientras,
intento armar el rompezabezas de tus ojos, de tu aliento.

Te escribo con el verde de la naturaleza
con cualquier "Guerra" de fondo.
Te escribo mientras llegas.
Pero no me culpes si, cuando lo hagas,
pasan los días, y no te escribo.
Eso te pasa por demorarte
y no dejar que te diga,
con otras formas,
que te quiero.