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sábado, enero 30, 2016

En sus marcas

Me quedé mirándolos por el retrovisor. Quería ver cuál de los tres ganaría la carrera. No fue el que alardeó sobre que esta vez no les daría ventaja. Ése parecía el mayor, no sólo porque era el más alto sino porque su rostro así lo delataba. 

Tampoco fue el más pequeño de tamaño. Esa sí que fue mi sorpresa. Cuando salieron corriendo avispados, se quedó atrás y por poco se da por vencido. Pero algo hizo que rápidamente se repusiera del llanto que se avistaba y corrió tan rápido, que alcanzó hasta aventajársele al presumido y casi casi le toca los talones al mediano del grupo, el vencedor, que salió disparado con una sonrisa en el rostro, como si alguien le hubiera adivinado el futuro, diciéndole que iba a ganar... 

Los miré detenidamente a los tres hasta que, despertando del letargo, recordé que tenía que entrar el vehículo en la marquesina, que me aguardaba con las puertas abiertas. Lo encendí y me quedé pensativa unos cuantos segundos más, mientras seguía mirando a los pequeños por el retrovisor. Allí supe de inmediato como titularía la historia. 

Así fue como aprendí la lección: el triunfo es para los que salen adelante con una sonrisa; para los que no se dan por vencidos a pesar de tener todo en su contra; es para los que saben que sus debilidades pueden ser su mayor fortaleza. Es para los que se atreven a soñar. 

Esos tres pequeños, descalzos, me mostraron a Jesús. Y yo me sentí tan inmerecidamente feliz que no pude contener las lágrimas. 

miércoles, enero 13, 2016

Cuando débil soy...

"Pero me dijo: te basta mi Gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad. Con gusto pues me preciaré de mis debilidades para que me cubra la fuerza de Cristo". 2 Corintios 12, 9. 

Creo que esa ha sido una de mis mayores luchas espirituales: sentirme, saberme débil. Cuando llega ese momento en el que solamente puedes depender de la providencia de Dios. 

Me sucede con una frecuencia incómoda. No tener las respuestas, no saber qué hacer, esperar... oh, esperar. 

También en mi cuerpo lo experimento. La medicina demora en su efecto. Y hay cosas con las que sencillamente nos toca lidiar de por vida. 

Hoy, sentada en el "sofá de la oración", recordé la cita bíblica que encabeza este post. La primera vez que "nos encontramos" (la cita y yo) estaba atravesando por una situación que debilitaba mi salud. Ahí aprendí que en todo momento, no solo en las buenas, debía dar gracias y glorificar a Dios. 

Suena a locura. Y ciertamente, lo es. Pablo lo llama "la locura de la cruz". Esa es la cruz que nos salva. 

Así que en este momento abrazo mi cruz. Confío en que todo lo que me sucede tiene que ver con el plan de Salvación que Dios pensó y creo para mi. No es fácil. La incertidumbre se puede sobrellevar con la paz... la paz de Jesús. 

La paz no llega por arte de magia. Porque la fe no es parte de un espectáculo. La fe es producto de una relación estrecha con Dios. De esa relación, uno de sus frutos es la paz. 

Abrazar la cruz tampoco significa resignarse o darse por vencidos. Significa aceptar. Aceptar lo que no puedes cambiar y seguir adelante. Y luchar. Sí, abrazar la cruz es parte de una batalla, sobre todo interior. 

Porque abrazar la cruz (y lo repito a propósito) significa la mayoría de las veces negarse a sí mismo; y créanme, no hay batalla más dura que la que libramos contra nosotros mismos. 

Sentada en el sofá de la oración escribo esta nota. Aquí, ahora, decido una vez más confiar en Dios y en su providencia. Oro por mí y por todos y todas las que están librando una batalla que pone a prueba su fe. Oro por los que como yo, a veces se sienten pequeños y frágiles. Por los que sienten que no pueden pelear por su sueños, porque les abruma el mundo. Por los que están llenos de inseguridad, por los que no saben lo que quieren y por los que aunque lo saben, "no saben" como conseguirlo. 

Oro por los que necesitan paz. Por los que esperan. Por los que están tristes y por los que tienen una tristeza fruto de una herida con Dios... por esos que piensan que Dios les ha abandonado. 

Tú que lees: no sé quien eres... pero estoy orando por ti. 

"Cuando débil soy, fuerte soy". 


viernes, octubre 08, 2010

Silencio

El agua del lago tiembla cuando asomo la cara.
Sientos sus ondas en mi alma, moverse.
El espejo es una sombra empañada y húmeda: jamás me había reflejado tan bien.

La madrugada llega con todas sus interrogantes.
El silencio es una grieta que traspasa la honda soledad.
Existen las palabras, pero encontrarlas no puedo.
Es largo el camino, es larga la espera.

El Creador se asoma: calla.
Quema ahí donde desaparecen los sueños.
La siembra se vuelve agotadora.
El horizonte está claro y profundo como la mirada de un anciano. Sin embargo, no veo.

Cada mañana es el ayer que llega y la carne se hace débil.
Soltar las amarras, levar anclas, remar mar adentro.
El viento, a veces como un enfermo de tuberculosis,
otras como un desalmado huracán, sopla.

Un aguijón punza el corazón... Silencio.

miércoles, abril 07, 2010

¡Hola!

Una nueva canción empieza a sonar en mi tocadiscos. La escucho atenta y encantada. En dos palabras: estoy feliz y emocionada. Siento maripositas en el estómago y no precisamente tiene que ver con algún varón. No se trata de eso. La vida me sonríe y estoy enamorada de ella, de su cálida y dulce mirada, de su abrazo que me arrulla. Siento una inexplicable sensación en mi interior que me hace mirar al cielo con frecuencia, y otra vez sonreirle al cielo, a las nubes. Suena tonto, barato y sin esencia. Pero les conforto con un típico "yo me entiendo".
Es más o menos esto: estoy cerrando un ciclo de mi vida, y de una vez, se empiezan a abrir otros. En un chazquido de dedos. A la rueleta de mi asombro, dejándome boquiabierta.
"Este será un gran año", fue mi propio augurio la madrugada del primero de enero. Aunque con lágrimas en los ojos, esa primera madrugada me prometía muchos cambios, cosas nuevas... sin saber el tamaño que tendrían, me aventuré a aceptarlos en mi interior. Tamaña osadía.
Justo ahora, cual si fuera un cuento, siento la llegar a la última página y entrever la palabra "fin". Me tiemblan las piernas, se me encoje el estómago... uuyy. Pero se siente bien, muy bien. Ante mi se abre un horizonte mágico, lleno de sorpresas esperando-me.
Con humildad, puedo decir que estoy creciendo. Y lo mejor, estoy creyendo en mí. Estoy siendo testigo del amor de Dios. Reconociendo quienes son mis verdaderos amigos. Disfrutando de la aventura de la vida y conociendo un mundo por el momento, escondido y desconocido para mi.
Por demás, les dejo mi saludo. Desde hoy, alguien nueva les saluda. Dios hace nueva todas las cosas, y yo, por su Gracia, no soy la excepción.
Pero no tengan miedo. Sólo soy yo, renovada como las aguas de un río. A bordo de una montaña-rusa, achinando los ojos y abriendo los brazos al Sol.

lunes, febrero 22, 2010

Confianza


Hace días que magullo palabras en mi mente, sin dejarlas salir. He sufrido su encierro, pues si ellas, mis palabras, están presas, también lo estoy yo. Por eso sin pensarmelo mucho resolví escribir como fuera al menos algunas líneas para dejar salir a sorbos todo lo que he estado viviendo en estos días. 
Soy muy afortunada. Cada día trae consigo muchas aventuras, retos, sorpresas. Aunque tengo mis quejas, es mucho lo que le debo al transporte público de mi país. A pesar de lo ineficiente e insoportable que puede ser, no puedo negar que en estos días ha sido una fuente de oración, mi alivio, mi motivo de risas y una oportunidad para conocer personas. A bordo de una "Caribe Tours" en su ruta "31", vi uno de los amaneceres más hermosos de mi vida. Fue hace mas o menos dos semana. Iba de pie, en la "cocina" y cruzabamos el puente de la "17" en una guagua repleta de gente. De un momento a otro, estaba ahí. El sol se erguía tan hermoso en el cielo. Por un momento parecía salir de entre los árboles y mientras lo admiraba, me olvidé del tapón y fuí muy afortunada. 
Sus rayos apenas tocaban mi rostro. Cerré mis ojos y me sentí tan viva. Entonces recuerdo que empecé a darle gracias a Dios por la oportunidad tan hermosa que me daba de contemplarle a traves de la Creación. Pero sobre todo le agradecía que me hablara, pues sin duda en ese momento Dios me decía lo mucho que me amaba. 
Por un instante sentí tanta lástima de las casuchas que parecía rendirse a mis pies. De seguro muchos de los que allí se hacinan, no esperaban con tantas ansias este amanecer. Seguro muchos no tendrían nada que comer y este nuevo día simplemente sería uno más repleto de preocupaciones
Es triste si. Como triste son las sorpresas amargas que llegan cuando menos te la esperas. Por eso son "sorpresas". Como triste despertar con la angustia de estar anclado en el mismo puerto sin saber cuando por fin llegará el día de levar anclas y tomar nuevos rumbos. Si. He estado pensando en eso. Lo he estado viviendo. ¡Ah! Pero Dios no se ha olvidado de mi. No. Ha estado al pendiente de cada una de mis inquietudes para recordarme que debo confiar y esperar en Él. Y vaya que ha insistido. Saben que. Una vez me dolía mucho la cabeza, en una guagua. Estaba preocupada... y no sé cómo empecé a hablar de Dios con alguien y el dolor desapareció. Como por arte de magia. 
Es difícil a veces olvidarse del dolor que nos atrapa, que nos palpita. Pero es la única forma en la que Dios puede actuar: cuando nos abandonamos a Él y confiamos en su Providencia. 
El mejor de estos ejemplos lo acaba de dar una bebé de apenas cuatro (4) días de nacida. Ella ha hecho honor a su nombre, dando una gran lección. Se lo decía a su Papá, que es mi mejor amigo. Les cuento: Hubo un momento en que la madre de Lía Yireh estaba muy delicada. Nunca olvidaré el rostro de mi amigo, sus ojos, aquel jueves a las 10 y algo de la mañana mientras me contaba lo que sucedía. Hizo todo para contener sus lágrimas.... por mantener frente a mi su siempre actitud de confianza en Dios aun en el momento más duro... El no se imagina cuanto lo admiro... Su esposa corría peligro de muerte... y su beba que estaba en su vientre. 
Ante aquel cuadro sólo nos quedaba una opción: abandonarnos a Dios. Depositar en Él la intervención de Jenny, su alta presión arterial y los pulmones de la pequeña Lía. Sólo nos quedaba confiar en Dios. Y para su Honor y Gloria, gracias todo está bajo control. 
Fue hermoso como muchos nos unimos como soldados a esta batalla y para salir más que vencedores. Recuerdo como en un momento, mientras estaba en la clínica, esperando que Chiky, mi amigo, saliera en cualquier momento para darnos noticias, me invadió una gran paz. Tuve la sensación de que Dios mandaba su ángeles y tomaban las manos de quienes intervenían a nuestra hermana... y ya dejé de sentir angustia. Respire, levanté mi cabeza y sonreí. Dios lo tenía y sigue teniendo todo bajo control. 
Pese a las altas y bajas en esta montaña rusa que es la vida, sobre todo cuando se vive tras las huellas de Jesús, estoy convencida que pase lo que pase Su Gracia jamás me abandona. Sé que podré manterme en pie, dando la batalla, aunque a veces llore, como lo hizo mi amigo aquella mañana en mi hombro. Sé que esas lágrimas no son sinónimo de debilidad. Sé que me basta Jesús, pues si soy débil entonces es cuando Él es fuerte. 
No sé como, pero me abandono en las manos de Jesús. Pongo mi mirada en Su rostro y aspiro su perfume. Lo abrazo. Confio en Él. 

lunes, noviembre 23, 2009

Mis reales


No sé qué decir primero, si perdón o gracias. Ahora cobran sentido muchos sin-sentidos y se aclaran algunas tinieblas que nublaban mi razón. Mientras leía el Evangelio de la viuda que echaba sus dos reales, sentí algo que punzaba mi corazón. Justo ayer celebramos la fiesta de "Jesucristo, Rey del universo". Yo hice un comentario en el que lo declaraba "Rey de mi vida". Pienso y me río porque es muy fácil decirlo y escribirlo. Pero vivirlo... Que eso sea una realidad es muy distinto.

Llegan a mi mente las veces en que reprochaba y reclamaba a Jesús porque sentía que me estaba quitando las cosas yo más quería... Que equivocada estaba. No me daba cuenta que a las 'cosas' les estaba dando un valor por encima de El, incluso de mi. Son las cosas de Dios o es el Dios de las cosas. Aparece la contradicción. ¿Eres o no el Rey de mi vida? No tengo respuesta.

Esta lectura sobre la viuda que de seguro entregó lo único que tenía, lo que para ella era más valioso, me ayuda a decifrarlo. ¿Qué tanto seríamos capaces de sacrificar por Ti, Señor? ¿Damos todo o sólo lo que nos sobra? ¿Eres el Rey de mi vida o de una parte de ella? ¿O de ninguna?
Es más fácil amarte desde la comodidad de nuestros deseos. Cuando todo está como lo planeamos y tenemos 'todo' lo que queremos. Pero cuando nos toca sacrificar, como Abraham, lo más preciado, ¿somos capaces de seguir amándote, de confiar en Ti?
Si, creo que te entiendo. Es necesario que todo esté en orden. Y el orden es que Tu tengas el primer lugar. Nada más.
En este momento quiero entregarte mis reales. Esos a los que me aferro y que no me dejan amarte y darte el lugar que te mereces. Porque desprenderme de ellos es una muestra de que confio en Ti. Si me lo pides es porque me proveeras. Tu siempre tienes un mejor plan.

domingo, noviembre 22, 2009

Con los ojos cerrados


Quiero seguirte. Sucede que a veces me siento confundida. Todo quiero entenderlo, buscarle una explicación humana a lo divino. Pasa que la vida está llena de cosas a enfrentar y a veces no quiero aceptarlo. Me cuesta. Me cuesta doblegar mi orgullo y abandonar mis miedos. Si. Tengo miedo. A lo incierto, al ahora. Si, al presente, al dolor actual... ese mismo que conoces y que junto a mí haces tuyo; de eso no tengo ninguna duda, aunque quiera a veces reprocharte. Es una excusa que uso para justificarme y ser rebelde, y revelarme.

Ya no me quedan argumentos. No tengo nada que darte. Nada de valor con lo que te pueda impresionar. Lo único que tengo es esta vida, que ya es tuya. Tómala, te la ofrezco. Así con sus ñoñerías, con sus temores, con su falta de fe, con su inseguridad... te la doy. Acéptala como ofrenda del amor que te tengo, imperfecto por demás. Ahora, en este momento, con la vista nublada por el cristal que se asoma a mis ojos, me abandono a Ti. Hace mucho que estoy en reserva, viviendo de Ti, alimentada por Ti. ¡Qué hermoso es saber que Tu haz estado conmigo, en esas noches frías de mi soledad! ¡Qué eres fiel! Si no fuera por Ti, por tu amor, que sería de mi...

No te voy a negar que es un sacrificio lo que me pides... A veces creo que es una locura que no podré resistir. Dejarme moldear por Ti no es fácil. Pero te amo. Y quiero "querer" lo que deseas para mi. ¿Y qué es lo que quieres? No lo sé. Lo único que te pido es que me des las fuerzas para seguir. Que me des un corazón humilde, dispuesto para amar. Como el de un niño: tierno, dócil, alegre. Si. Quiero ser alegre, estar alegre. Quiero confiar en Ti. Así como Abraham, como Daniel, como Jeremías, como Ezequiel. Como María, como Pedro, como Pablo, como la Madre Teresa. Como el Centurión, como el ciego de Jericó. Mejor, como el ciego de Betsaida. Ese que primero tomaste de la mano y te llevaste fuera del pueblo, antes de devolverle la visión. Yo quiero ser como él. Confiar en Tí aunque no vea el camino por dónde me llevas. Y si es necesario que no "vea" para que no me suelte de Tu mano, entonces, que no vea. Quiero seguirte, con los ojos cerrados.

"La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve". Hebreos 11, 1.

miércoles, octubre 07, 2009

¿De vacaciones?

La periodista duerme... mientras la escritora despierta. De una viviré, con la otra me ganaré la vida. A una la amo, a la otra la necesito. Una me hará crecer, la otra, soñar. Con una acariciaré el éxito, con la otra me sentiré más orgullosa. De una y otra soy. En una me envuelvo, con la otra, soy libre.
Justo en este preciso momento libro la batalla más interesante de mi vida: la de la incertidumbre. Periodista y/o escritora, se encuentra en la fase de re-descubrirse. re-definirse. Y junto a la mujer que las acoge hay un silencio ensordecedor. El silencio de la espera. Lo desconocido se vuelve una más de mis intrigas, en esta vida la mia, que se mueve en pasos improvisados, osados... sobre un camino jamás trazado, que hago mio y nuevo todos los días, con mis pasos.
Lo desconocido... se vuelve cada vez más familiar. Voy perdiéndole el miedo y tomándole el piso. "Confiar y esperar" es mi frase de lucha. Y espero confiada en que pronto llegarás, y no estaré más sola.

lunes, agosto 24, 2009

¿De Nazaret puede salir algo bueno?

El Evangelio de hoy cambió mis planes de escritura por completo. Venía rumiando una idea a la que iba dándole forma, un poco de varias cosas que ví y viví este fin de semana -el juego de Pedro, que ganó Federer- mientras estaba de camino al trabajo esta misma mañana. Curiosamente el tema de "Dios" no estaba entre mis "ideas". Pensaba darle un descanso a mis experiencias divinas, para bajar un poco a la Tierra. Pero esos no eran los planes de Dios, y como a Pablo, cuando era Saulo, me tumbaron del caballo.
Resulta que mientras leo la lectura junto a una compañera de trabajo, al llegar al Evangelio se me cortan las Palabras. Trato de que no se me note, y continúo. Más la impresión es más fuerte que yo, y cuando llega el momento de la oración, no puedo evitar llorar.
En el Evangelio tomado de San Juan 1, 45-51, Natanael, luego de que Felipe le de una breve introducción de quién es Jesús, haciendo mención que es hijo de José y que es de Nazaret, el le replica: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?".
Siento como si las palabras me fueran dirigidas a mi. Pues como saben ese es mi nombre: Nazaret. En muchas ocasiones yo me he preguntado lo mismo. Y en otras tantas, algunas otras personas, también. Y uno empieza a dudar.

Hace varios meses el Padre Miguel me dijo, por un momento en el que alguien dudó de que de mi pudiera salir algo bueno, que me sintiera orgullosa porque lo mismo habían dicho de Jesús...
Me recordó este Evangelio. Hoy, sin esperarlo, ha vuelto a mi mente ese recuerdo en el momento preciso. Dios sabe por qué.
Al orar le decía al Señor que si verdaderamente de mi podía salir algo bueno. Le pregunté que si de mi está saliendo algo bueno...
Me reviso como puedo. Pienso: "lo bueno que puede salir de mi es gracias a Jesús. En eso no hay duda". Sé que Dios me ha elegido y que apuesta a mi, aunque ni yo misma me lo crea. El está depositando su confianza en mí, sus talentos, sus dones... y yo quiero confiar en Él. Alguien decía una vez, creo que Yuan, que nosotros necesitamos a Dios, pero Dios necesita que confiemos en él. Yo quiero... lo necesito. Entonces, manos a la obra. El no elige a los capacitados, sino que capacita a los que elige. Que se haga su Voluntad por encima de cualquier temor, o duda, o carencia. Si me equivoco, no importa. Me arriesgo. Dios está conmigo. Ufff!!!
"Nuevas fuerzas tendrán, los que esperan, los que aman a Jesús. Caminarán y no se cansarán. Correrán no se fatigarán".
Dios, danos nuevas fuerzas. Ayúdanos a perseverar. A que de nosotros pueda salir algo bueno. Que así sea, Señor.

miércoles, agosto 19, 2009

Bienvenida al mundo real

Fueron las palabras de Fray Miguel. Hizo que recordara que mis situaciones son "de este mundo", no de otra galaxia. Jamás me había sentido tan comprendida como anoche, al hablar con él. Al menos siento un gran alivio, pues muy a mi pesar no tengo una varita mágica, como dijo don Celso Marranzini. Lo peor de todo es que no existen. Me llega a la cabeza Félix Sánchez. Ahora mismo tal vez quiere una, o para cambiar los numeritos que le dieron un penoso octavo lugar o para desaparecer. Lamento la comparación, no lo pude evitarlo.
Mas, aunque nos duela, la realidad hay que enfrentarla con los pies en la tierra y hay que luchar con pecho grande para conseguir lo que queremos. Pero también hay que resignarse cuando no se pueden cambiar las cosas. En esta vida hay que saber cuando detenerse; cuando no se puede hacer más. Llega un momento en que nos toca ser pacientes y esperar, como decimos los cristianos, en la providencia divina.
La vida es dura. Nadie nos dijo que sería fácil. Ni el mismo Dios. Cada prueba, cada compromiso, las responsabilidades, los retos, los sufrimientos, las dudas... tenemos todo que asumirlo con valentía. Aunque muchas veces nos toque llorar.
En estos momentos pienso en María. Como decía F. Miguel: esa chiquilla de Nazaret. Dios le promete grandes cosas: que será bendita entre las mujeres, que dará a luz al Hijo de Dios, que recibirá el Espíritu Santo, que su vientre será bendito. Todo luce maravilloso. Tiempo después la gran y dura realidad: ver sufrir a su hijo, sin poder hacer nada. Imagino que María tenía toda la razón para cuestionar a Dios. Pero no lo hizo. Ella soportó cada azote, cada humillación, cada bofetada, cada insulto... con confianza. F. Miguel decía que mientras Jesús padecía en su carne, ella lo hacía en su corazón. Imagino lo impotente que hubo de sentirse verlo sufrir sin poder intervenir. Recordando que ese 'pequeño' que una vez tuvo en su vientre, que amamantó, que vio crecer y jugar, ahora estaba colgado de un madero.
Y a pesar de tener razones para cuestionar a Dios, no lo hizo. Esperó a que le entregaran su cadáver mientras permanecía de pie ante la cruz... de pie ante la cruz...
Su paciencia, su espera, parece no significar nada, y es todo lo contrario. Como Gedeón, ella fue valiente. No hay para mí mayor valentía que la de no huirle al sufrimiento. Que la de enfrentar con confianza, paciencia y fe, el dolor. Eso sí que es librar una batalla difícil. Como lo hizo María. Y todo esto puedo verlo mejor gracias a Fray Miguel.
Bienvenida a este mundo real sin varita mágica. No la necesito. Me basta con tener paciencia y confiar en Dios.