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domingo, febrero 07, 2016

Little boy

Me desperté y escribí mentalmente con una rapidez intimidante. Estaba demasiado feliz entre las sábanas que no me apresuré en buscar con qué anotar. Me confié demasiado de esta memoria saltarina que piensa en algo diferente cada segundo. 

A la hora que decidí encender el computador para escribir, tuve esa sensación... ¡olvidé cómo empezar!  Para los que no saben, el título y la primera línea son básicos para mí cuando voy a escribir cualquier texto. Y ahora aquí estoy, tratando de remendar los recuerdos mientras hago este prólogo que no estaba supuesto a existir. 

No hay remedio, no logro recordar cómo empezar, sólo el título. Algunos imagino que sabrán que se trata de una película. Varios amigos me la habían recomendado así que tocaba. Anoche me llego a la mente como un rayo cuando todavía estaba en la Eucaristía. Esa era la señal. Cuando llegué a casa, dejé para esta noche a Umberto Eco y después de hacerme un selfie (no me pregunten por qué, porque la verdad es que no lo sé), saqué mi complice-mano derecha de mis pasiones cinematográficas y musicales, y mis audífonos. 

Estuve tentada por Mad Men pero fui fuerte y me dirigí hacia mi objetivo. La fotografía y la estética me atraparon casi de inmediato. El pequeño "Pepper" me pareció encantador. Aunque me resultó un poco lenta al principio, algo inexplicable me mantuvo interesada. 

No estaba frente a un "masterpiece". Lo especial de este largo metraje de 1 hora y 46 minutos es sin lugar a dudas, el mensaje. 

Hubo un momento en el que pulsé enter-pause para reflexionar. ¿De qué tamaño es mi fe? Yo había pedido también, al igual que Pepper, aumentar mi fe. Lo he dicho cientos de veces en mis oraciones: "Señor, aumenta mi fe". 

Sin embargo, en aquel momento me di cuenta que había hecho muy poco para que mi fe aumentara. He pensado tantas veces que la fe depende únicamente de Dios. Y no. La fe también depende de mi. Además de desearla debo, tengo, que trabajar para que crezca. 

"Si tuvieras fe como un granito de mostaza"... esas palabras de Jesús tocaron mi mente y mi corazón. Entonces me di cuenta que no se trata del tamaño "exterior". Eso no es lo que cuenta. Es el fruto. 

Al igual que Pepper, me escudé en mi corta estatura para justificar mis cobardías. Recibí cuando era niña todo tipo de chistes burlones por ser pequeña y eso fue empequeñeciendo también mi estatura interior, mi amor propio. Por supuesto, todo eso hasta que conocí a Jesús. 

Viendo la película recordé todos esos episodios que marcaron mi infancia y parte de mi adolescencia con heridas profundas. Y como Dios había utilizado mi "pequeñez" para mostrarme su grandeza, sanarme y rescatarme de mi propia oscuridad. 

Fui volviendo a repasar que lo importante no es como nos veamos por fuera (ni como nos vean los demás, ni lo que digan), o nuestra "altura" exterior y todo lo que ella implica: muchos reconocimientos, títulos, riquezas, popularidad o fama... Nada exterior dicta quien eres, ni califica lo sabes o calcula lo que vales. 

Valemos por lo que brota de nuestro interior: la bondad, simpatía, generosidad, el amor, la caridad, humildad, el honor, la dignidad... ¡cuántas cosas más!

Yo aspiro a transformar el mundo como lo hizo Pepper: creyendo con todas mis fuerzas, olvidando mis limitaciones exteriores y valorando aún más quien soy y a quienes tengo a mi alrededor. Amando... sobre todo y con todo. Amar es el secreto, es la clave, es el principio y es el fin.

¿Que si la recomiendo? Solo si estás dispuesto(a) a soltar las amarras y lanzarte a creer. Si estás dispuesto a dejar los prejuicios a un lado y darte al menos una oportunidad de apostar a ti. 

Qué importa que las cosas no salgan como quieres o como lo tenías planeado. Han sido como tenían que ser y eso no significa que esté mal. Y habrás hecho, habrás dado el paso. Eso, más que una derrota, es una batalla vencida. 

sábado, enero 30, 2016

En sus marcas

Me quedé mirándolos por el retrovisor. Quería ver cuál de los tres ganaría la carrera. No fue el que alardeó sobre que esta vez no les daría ventaja. Ése parecía el mayor, no sólo porque era el más alto sino porque su rostro así lo delataba. 

Tampoco fue el más pequeño de tamaño. Esa sí que fue mi sorpresa. Cuando salieron corriendo avispados, se quedó atrás y por poco se da por vencido. Pero algo hizo que rápidamente se repusiera del llanto que se avistaba y corrió tan rápido, que alcanzó hasta aventajársele al presumido y casi casi le toca los talones al mediano del grupo, el vencedor, que salió disparado con una sonrisa en el rostro, como si alguien le hubiera adivinado el futuro, diciéndole que iba a ganar... 

Los miré detenidamente a los tres hasta que, despertando del letargo, recordé que tenía que entrar el vehículo en la marquesina, que me aguardaba con las puertas abiertas. Lo encendí y me quedé pensativa unos cuantos segundos más, mientras seguía mirando a los pequeños por el retrovisor. Allí supe de inmediato como titularía la historia. 

Así fue como aprendí la lección: el triunfo es para los que salen adelante con una sonrisa; para los que no se dan por vencidos a pesar de tener todo en su contra; es para los que saben que sus debilidades pueden ser su mayor fortaleza. Es para los que se atreven a soñar. 

Esos tres pequeños, descalzos, me mostraron a Jesús. Y yo me sentí tan inmerecidamente feliz que no pude contener las lágrimas. 

jueves, junio 26, 2014

Identidad

No hay nada como ser tú mismo(a). No por lo que diga tu carnet de identidad, ni siquiera tu acta de nacimiento o tu diploma de graduación. Descubrir quién eres va más allá de los pergaminos de honores sociales o de los discursos que algunos usen para adularte.
Darle vueltas a este tema no es nuevo, pero lo retomé el sábado pasado, mientras conversaba con mi amigo diversionero, Yuan Fuei Liao. Durante una prédica habló sobre eso de ser auténtico, y de cómo muchas personas, muchos cristianos, están perdidos en las copias y se han olvidado de su identidad, de lo que los hace distintos. En ese instante hice una revisión rápida de mi vida y pensé en todas las veces en las que, quizás sin querer, actúe por imitación.
Por supuesto, nada nuevo hay bajo el sol, pero cuando pierdes tu esencia (hasta para orar) para imitar la de otra persona (ya sea porque la admiras, porque es popular, porque te gusta hasta cómo se ve), entonces, es una vergüenza y punto.
Aprovechando el receso, le hice saber que esa es una de las cualidades que más admiro de él: su autenticidad. Caí en lo de los halagos, pero es la verdad. Yuan es muy él en todo lo que hace. Hasta en su forma de orar, es increíblemente diferente.
Desde entonces no he podido sacar de mi mente eso de la autenticidad y lo asocié de inmediato a la identidad: no hay nada mejor que ser tu mismo(a). Esa es tu mejor identidad, tu mejor carta de presentación.
En eso, el martes me encontré con un escrito del padre Henri Newman que decía lo siguiente: "tu verdadera identidad es la de hijo de Dios. Esta es la identidad que debes aceptar. Una vez que la has sostenido y te has instalado en ella, puedes vivir en un mundo que te da tantas alegrías como dolores. Puedes recibir los elogios y también la culpa que te llega como una oportunidad de fortalecer tu identidad básica, porque la identidad que te libera está anclada mas allá de todo elogio y culpa humana. Perteneces a Dios, y como hijo de Dios se te ha enviado al mundo". 
Quedé de una pieza. Había encontrado la respuesta que tantas veces me había coqueteado en las narices y no me había dado cuenta. "Por eso Yuan es tan auténtico", me dije a mí misma. Vive con la plena consciencia de que es hijo (amado) de Dios. 
Pero las preguntas no han terminado. La audiencia de ayer del Papa me hizo descubrir algo más: que mi identidad tiene una relación directa a mi Iglesia, a que soy Iglesia, pertenezco a un Cuerpo. Que si mi nombre es "cristiana", mi apellido es "pertenezco a la Iglesia", como bien lo aclaraba el Santo Padre. Mi identidad la debo a muchos otros que: "han vivido la fe y luego nos la han transmitido". ¡Wao! Estoy tratando de ir poco a poco, porque es el momento en el que estoy frente al espejo y me doy cuenta de quién soy realmente. 
Si has llegado hasta aquí, es decir, leíste hasta aquí, mi deseo es que, quienquiera que seas, puedas descubrir al igual que yo quien eres, por qué y para qué existes. Quien sabe quién es puede salir a caminar no solo con la frente en alto, sino también con una sonrisa en el rostro.
¡Ah! Una cosa muy importante. Una vez descubras quién eres, no permitas que nada ni nadie te lo quite. Me despido con una frase del predicador José Cortorreal, con un ligerito cambio: "naciste original, no vivas como una copia".

martes, enero 04, 2011

Estatua de sal

Me encontré a Felivia en el tocador. La abracé de sorpresa por detrás al tiempo que me percataba que conversaba con alguien por el celular. Al colgar, me saluda chispeante, con su sonrisa aniñada y sus ojitos brillantes. Nos deseamos lo mejor para este año; yo aprovecho para contarle sobre mi meta principal -la misma sobre la que escribí ayer en este espacio- a manera de consejo. Felivia inclina la cabeza en señal de aprovación a lo que digo, y me sopla mientras abrimos la puerta: "como la mujer de Lot, que se convirtió en estatua de sal por mirar atrás". Le prometí seguido que escribiría algo al respecto. Sus palabras me acordaron una charla que recibí recientemente en un retiro, en voz de María Isabel Concepción.
"Ganar o perder" se llamaba esa instrucción que estaba inspirada en el personaje de Lot. En resumen, la lección fue descubrir que, ganar o perder, eso nadie lo sabe. A veces pensamos que ganamos y terminamos perdiendo. Como le pasó a Lot, que al separarse de Abraham escogió vivir en Sodoma y Gomorra porque, a la vista, lucía más fertil, más hermosa. Y era cierto. En apariencia lo era. Pero sabemos que esta ciudad era cuna de desastres y abominaciones. Cuando Lot descubrió su esencia y el peligro que corría en ella, tuvo que salir huyendo. Llevó a su esposa e hijas consigo. Al final, Lot terminó perdiendo no solo el lugar donde vivía, sino también a su esposa, que al mirar atrás mientras salía de la ciudad, quedó convertida en estatua de sal. A la larga, Lot, que pensaba haber ganado, perdió.
María Isabel contó una historia personal para mostrar la otra cara de la moneda. Nos habló de su padre, la persona que en vida amaba más que a todo. Cuando enfermó, le pidió al Señor que a cambio de su salud, ella entregaba la suya propia. Aun más. Si se trataba de su vida, ella prefería morír en su lugar. Nos decía que ella no se imagina vivir sin su padre; se sentía incapaz de soportar su muerte.
Ya hace varios años que murió su Papá. Me parece que tenía cáncer. No contó lo difícil que fue entregárselo al Señor y aceptar Su voluntad. Pero una vez lo hizo, hubo una gran paz en su corazón. Comprendió que no era que Dios le quitaba a su padre. Sino que a Dios le pertenece todo, incluso la vida. Él solo volvía a su dueño. Y ese amor que ella tanto le profesaba nada ni nadie podía destruirlo. Ni siquiera la muerte.
Ella que pensaba que perdía, y al final ganó. Ganó en unidad familiar, porque sus hermanos sentían celos de ella por como se llevaba con su padre. La familia se unió más y se acercaron más a Dios, incluyéndola a ella.
También aprovechó para hablarnos de Robert, su esposo. El hombre que, según sus "estándares", era el que menos calificaba para ser su compañero de toda la vida. Pero que resulta, ha sido el perfecto, porque fue el que Dios le tenía destinado. Ahora se confiesa feliz en su matrimonio y muy enamorada. Ganar o perder. ¡Quién sabe!

Una vez se pone la mano en el arado, no vale mirar atrás. Hay que seguir. Si no, se corre el riego de quedar petrificado, que a la larga es peor que morir.

María Isabel nos dejó una enseñanza muy especial. El que confía en Dios nunca pierde. El que se fía de su propio parecer y se deja deslumbrar por lo que "aparentemente" es mejor, corre el riesgo de perderlo todo. Ganar o perder... quién sabe.

martes, diciembre 28, 2010

La Navidad de Oliver


A los nueve años, Oliver no sabía que significaba ser huérfano. Lo era, (y de la manera más conmovedora que se pudo ingeniar Dickens), pero la palabra no la conocía. A esa edad no había recibido ni la alimentación ni la educación adecuadas. Las palabras y sus significados pierden importancia cuando tener hambre es una osadía que se castiga con azotes.

Cuando volvió al Hospicio, el lugar donde nació y su madre murió al tocarle sus pequeñas manitas, supo a duras palabras y cozcorrones lo que era ser huérfano... y lloró "amargamente". Era el día de su cumpleaños.

Esa noche, Oliver "lloró hasta quedarse dormido". No se imaginaba lo que le esperaba a esta altura de la historia. A mí todavía me toca descubrirlo. Por como está titulada la obra de Charles Dickens "Las aventuras de Oliver Twist" me imagino que serán muchas las "desventuras" que ha de sufrir este muchacho al que la vida le destinó ser pobre. Conociendo un poco el ingenio inspirador del autor, deduzco que la crudeza y el desamparo que él mismo vivió en un Londres oscuro y empañado por el abandono de su padre, será el espejo que refleje esta historia que ha sido adaptada a obras de teatro y al cine.

Las pocas páginas que he leído a trompicones, (lo reconozco. el cansancio y el sueño me están jugando una mala pasada), me han dejado con el corazón en la mano. Por un instante me trasladé mentalmente al Hospicio y ví llorar al desdichado Oliver; sentí propia aquella soledad encarnada en su aspecto famélico. Lo tuve de frente hasta que se quedó dormido. Me incliné y acaricié un cabello rizo y dorado, algo pegajoso, hasta que un estallido de dolor en el pecho me indujo a alejarme -despacio para no despertarle.

Cuando volví en mí, no pude evitar seguir pensando en Oliver. Cómo habrán sido sus navidades, sin familia, con hambre de pan y la sed de un amor desconocido para él.

Oliver es el espejo de muchos niños que sufren en su inocencia con el cuchillo al cuello. Ayer, el día de los Santos Inocentes, Rosa Montero, española escritora y columnista del periódico El País, escribió algo sobre el abandono y el maltrato que sufren los niños de manera indiscriminada.

Narró algunos casos y lamentó que ojos miren y no vean, porque sea la indiferencia, como tituló su columna, el arma más afililada que aniquilé a estos inocentes en el mundo.

Indiferentes... Cuánta indiferencia ante el dolor ajeno, ante la desolación que sirve de friza a los desamparados.

A dos días para que termine el año la conciencia me pasa revista. Como interpelada por mis acciones, pienso en el tiempo que perdí en amar a los demás, en ayudar y en servir, por andar distraída en mis egoísmos, dándole vueltas a una ruleta que siempre se detiene en el mismo lugar. No creo en el azar, pero a veces vivo como si dependiera de él.

La vida es dura, dijo una vez a un amigo un profesor autosuficiente. Yo, con la ayuda de Dios, quisiera que no lo fuese tanto, si aprendo a colgar en mi rostro una sonrisa. Si puedo dar calidez a un cuerpecito temblando de frío; si miro a los ojos y toco el rostro cansado de un enfermo; si escucho las voces de almas sin esperanza; si con mi hombro, sirvo de consuelo a unas lágrimas que caen en lugar del lamento. Si, solo si, logro calmar la ansiedad de pensar en mí y me doy cuenta que, más allá de mi corazón, hay muchos más que necesitan amor para latir.

lunes, agosto 23, 2010

Ojalá que llueva, café.

A ver. El trabajo, que ya empieza la universidad, que en menos de dos semanas me atracaron dos veces, sin pistola, sólo con algo de forcejeo e intimidación. Extrañando escribir sin pautas y especificaciones; sin tener que lidiar con *** a las que hay que acudir, porque hay que hacer el trabajo, que más da.
Escuchando música, leyendo poesía, escribiendo versos impublicables. Tejiendo sueños en tela de araña, dibujando paradojas, enrolándome el pelo mientras tomo café en las mañanas y hablo con Dios.
Entre la pesadez y la desabrida historia que se repite a diario en el carrito público que temo abordar, y las calles transitadas de toda clase de alimañas en carro y a pie.
El esnob me hace estornudar. Soy alérgica al humo de los irracionales que contaminan el mundo con su odioso terrorismo, represión, indolencia... Ashuu!!!!
Extrañando a Don Beiro, su manada de locuras cuando conduce el Sentra azul metálico ya desgastado y desteñido de tanto rodar sin rumbo. La palabra que me inspira al salir de sus labios, sus sueños absurdos, a veces mucho más que los mios, ¡que alivio!
Las vocales, el abecedario, las palabras que se me descubre entre la pila de libros que espero tener vida para leer.
Voy por la calle, camino. Observo y en cada segundo que pasa trato de buscar a Jesús en el que se me atraviesa en frente: el que vende chucherías en la calle, el niño que acuesta su mejilla en el cristal del vehículo, en el friturero, el que vende jugos, en el que se arremanga la camisa y se floja el nudo de la corbata, en la embarazada con los pies inchados de dar tumbos al hospital, en la mirada perdida y desolada del vendedor de "Skin Ice" , en el joven que se "arreginda" de la guagua pública con una mano y con la otra, sosteniendo su futuro en la mascota y el libro deteriorado. Lo busco y casi siempre lo encuentro.
Miro al cielo, dejo que la brisa me saque las lágrimas, cierro los ojos y la fetidez se mete en mis entrañas... no hay remedio.

Recuerdo mis responsabilidades, mi llamado, mi "sí". Imploro un masaje, unos días de vacaciones, ir a misa diaria, tocar guitarra hasta que se me pongan verdes los dedos, inventar alguna receta gourmet en la cocina, hacer un flan de auyama, bañarme en la lluvia.

¿Qué más? Hay mucho más. Pero tengo que poner fin a este post (es que se me hace tan difíciles los puntos finales) y no sé como hacerlo.
¡Ah! Si por si acaso buscan alguna relación entre el título y el contenido del post, no pierdan su tiempo, porque no la hay. (Lo puse porque me acordé de la canción mientras escribía). Es sólo un título y este es sólo uno más de mis retazos de historias, mal escritas o bien. No sé.

Adiós.

jueves, junio 24, 2010

Un día frío

Qué difícil levantarse por la mañana ( 5:30am) cuando llueve con ternura y el clima te invita a quedarte acurrucado/a bajo las sábanas tibias. La realidad sin piedad te sacude y te empuja a las frías aguas que te cortan el cuerpo y que te despiertan a las malas. Ni modo, hay que salir a la calle en busca del pan perdido, a mojarse los trapos y pescar resfriados esparcidos en la brisa, la humedad de la guagua y el hermetismo colosal del aire artificial.
El tiempo es tan gris como el humor, el ánimo y las esperanzas de las personas. El temporal combina con la corrupción. Las lluvias inesperadas con la ineptitud de las autoridades, que ya no sorprenden ni al más crédulo. Inundaciones que ahogan el optimismo. Derrumbes que se llevan el deseo de vivir, de luchar, de ser diferentes, de soñar.
Huele a mocato el mundo. Y hay gente que ya no le molesta. Está acostumbrada y no distingue.
Tanta droga, asesinatos, burlas, hambre, pobreza, injusticia, impunidad. Tanta vanidad, egoismo, hipocresía, ambición desmedida. Tanta soledad, carencia, enfermedad, olvido, mentira. Tanto de todo y de nada.
El mundo ataca fuerte, piensa que lleva la delantera. Cualquier corriente que llega arrastra al que no está preparado.
Existe el bien, no hay duda. Pero nos dejamos llevar por la corriente. Es más fácil que nadar en su contra. Plantamos sobre la arena porque no hay tiempo que perder. Y nuestras "seguridades" se pierden ante la menor brisa. La decisión es difícil. Vivir es difícil. Levantarse aun más. Ahora creo que es más valiente el que tiene que "levantarse" que el que nunca ha caído.

Es un día frío y extraño el de hoy. Sin embargo el corazón no se detiene. Su luz no se apaga. "Y sigo andando: estaba distraído, no destruido. ¿Desistir de existir?Resistir opto". Yuan.

jueves, junio 17, 2010

Sorbo a sorbo


Me gusta coleccionar tazas. Y leer libros. Escribir es un sueño que acaricio y, que a veces, pongo en práctica con inseguridad.

Lo de las tazas no sé cómo empezó. Tengo unas cuantas que uso a determinadas horas. Una es para la leche, que acostumbro tomar en las noches. Otra para el café y otra para el chocolate; tengo una enorme para comer cereal. ¡Ah! Tengo una para el yogurt.

Leo libros porque es como respirar, no porque eso me dé cierta altura frente a los demás. No creo en la superioridad de la intelectualidad. Leo porque me late el corazón fuerte y suspiro cuando me engancho a sus páginas. Parezco una quinceañera enamorada cuando leo. Saboreo las letras, me fascinan como pueden componer tan bellas melodías cuando se unen en esa perfecta armonía... en un compás sin desperdicios. Me roban el aliento cuando las veo ahí, tan normales y tranquilas. A pesar de todo son humildes. No se dejan deslumbrar por la fama, porque es que ellas son maravillosas.

Y escribir... todo empezó porque lo necesitaba, sin saberlo. Tenía que escapar de una prisión horrible en la que yo misma, sin darme cuenta, me había encerrado. Creo que de no ser por escribir (antes de encontrarme con Dios) no sé que hubiera sido de mí. El lápiz y el papel fueron mi consuelo en aquellos tiempos oscuros, tenebrosos. Todavía lo son.

De colecciones, pasiones y sueños tengo la vida. Seguiré buscando tazas y comprándolas cuando pueda. Seguiré devorando libros de poesía, novelas, cuentos cortos, crónicas... Seguiré escribiendo contra la corriente. Con todos mis defectos y mis faltas ortográficas, y mis incongruencias. Porque tengo que seguir viviendo. Porque tengo que enseñar a otros a vivir.

domingo, junio 13, 2010

Veneno

Por estos días hace mucho frío. Por las noches las sábanas finas no dan para cubrir el cuerpo que, mordido hasta los huesos, tiembla. También está oscuro. No se ve nada. Amaga a lo lejos una luz tenue. Cuando ya empieza a verse más claro, se marcha burlona dejando en penumbras el horizonte.
La realidad no existe. Todo es falso. Es mentira la verdad. Es un bufón que se alimenta de los crédulos. De los estúpidos, mas bien.
La vida es una ruleta. Todos se aglomeran a la espera de que salga el negro o el rojo, o el cero y llevarse todo lo que está apostado sobre la mesa. Se vale hacer trampa. Es más. La suerte acompaña a los tramposos. Uno que otros se adhieren a los inescrupulosos que se meten el as bajo la manga, porque le dejan caer migajas de sus grandes bultos de dinero. Todo está podrido. Todos. No se puede creer en nadie, porque nadie no existe. Cuando menos te lo esperas, otro viene y te pone delante el pie para que tropieses. Y se ríe a carcajadas de tu cara golpeada, tu vestido roto y sucio.
Se vale todo en este sandwich de salchicha. El sistema se abandera de este himno. ¿Principios, dignidad, respeto...? ¿De qué hablas? ¿Confianza, credibilidad, amor...? ¡Estás loco!
Hay delirio por doquier. Máscaras que esconden la hipocresía. Es un asco. Es una lástima.
A dónde ir. Salir huyendo, esconderse para sobrevivir. Suplicar al Todopoderoso para que tenga piedad. Por ahora es el único consuelo. Hace falta un antídoto que cure tanto veneno.
Hace falta volver a empezar. Destruirlo todo hasta el polvo y resucitar de las cenizas como el ave feniz.
Hay tanto dolor en ese cuerpo que intenta dormir resguardado en el techo de la soledad. En medio del frío que arrecia escalofriante en la oscuridad.

viernes, abril 16, 2010

Transición


Cambié de trabajo. No sabía cuantos giros te da la vida cuando ésto sucede. Ha sido interesante. Escribo mucho y tengo muchas ideas. Mi mente no se detiene y todo lo que me rodea me inspira, me entretiene, me ilumina los sentidos. Hasta la nueva ruta para llegar hasta mi nueva casa de creaciones, trae sus propias historias. Todos los días surge una ocurrencia en el carro público. O en el puente peatonal que cruzo una esquina antes de la Defilló, encima del agitado tránsito y los trabajadores que retuercen el ánimo de los que pasan, con todas sus maquinarias pesadas y ruidosas.
La gente parece distinta. A veces me siento como si viajara en algún otro lado. Por cierto, me llevé tremendo susto este lunes pasado en la mañana, cuando viaja embutida en un carro público ruta 27 hasta el 9 de la Autopista Duarte. Justo llegando a la Avenida Abraham Lincoln la boca abierta de una serpiente gigante me roba el aliento y me deja totalmente desconcertada. El Parque Temático que se inventó nuestro querido Síndico, armó tremenda polémica dentro de aquel mundo destartalado y dísimil, que sentí pesar de pedir parada ante aquella discusión. Hay que ver que el dominicano sabe de todo, pero eso es otra cosa. La realidad es que el proceso de cambio, la transición, ha sido difícil, con todo y mis aventuras y las inyecciones de inspiración.
Extraño mucho a mis antiguos compañeros de trabajo. Aunque no me puedo quejar de mis nuevos compañeros. Me hacen reír... pero, como me decía anoche Don Brito, -a falta de que su hija Indhira me atendiera al teléfeno-: "los cambios siempre nos afectan... son difíciles. Es un proceso... pero ya pasará.... ". Si... ya pasará.
El cambio ha llegado además con una fuerte brisa dejándole a mi vida una hojarasca impertinente. Se ha nublado un poco el cielo y me dan ganas de estar lejos, de apartarme de todos, de dejar que la hojarasca cresca, que me arrope entera con sus hojas marrones y crujientes... pero sé que no debe ser así. Que tengo que levantar la cabeza y tomar la escoba y barrer, barrer, barrer, hasta el cansancio. Luchar por seguir adelante, sin dejar que lo "humano" me aniquile y me arrebaté el optimismo. Si. Seguiré creyendo en las personas, aunque me fallen. Perdonaré, porque es la mejor medicina para el corazón y es la llave del amor... Amaré, aunque parezca una locura, aunque me cueste la vida. Sonreiré, aunque se me salgan las lágrimas. No dejaré de ser sensible. No dejaré que mi corazón se vuelva una roca. Lucharé. Yo sé que esto es un mal momento. Sé que Dios me ayudará. Que juntos lograremos terminar la obra que Él ha empezado en mí.
A los que me conocen, a los que han estado conmigo, rueguen por mi. Lo necesito. Los necesito. No tomen en cuenta si les sorprendo con silencios, o hasta con dureza. Sigo siendo yo. La niña que sueña y que, porque a decido amar y luchar por lo justo, ha encontrado muchos tropiezos. Pero sigo siendo... yo.

martes, marzo 23, 2010

Estar viva


Emoción. Ganas de reír y llorar al mismo tiempo. Un sentir distinto, como si pudiera tocar el viento, tomarlo de la mano. 

Un horizonte nuevo se levanta frente a mis ojos. Tiembla el alma, el corazón grita, el cielo se aclara. Puedo ver. Tanto, que siento miedo. Hay una sonrisa anclada en los labios: tímida, tonta, ingenua. 

Sucede. No hay explicaciones lógicas, ni ilógicas. Pasa. Llega. Se aproxima. Te toca.

¡Una locura! ¿Será? ¿Por qué preguntas? ¿Por qué respuestas? 

La vida es como el fluir de las olas. Reciclar el agua. Dejarse llevar por la corriente Divina... no estancarse, y otra vez dejarse llevar. 

Empaparse del cristal de la lluvia. Llover con ella. Reflejar el Sol en sus gotas. Cristal infinito, transparente y puro. 

Abandonarse al latir de la tierra. Dejarse seducir por el fuego. Y otra vez dejarse llevar, sin resistirse. 

Soñar. Despertar. Vivir. Dejarse amar. Amar...  Estar viva. 



martes, marzo 02, 2010

Yo creo en los ángeles

Este post empezó a existir a la 1:00 p.m. Comía un suculento puré de yuca con jamón a la plancha, preparado por mi madre. Entre bocado y bocado, pensé en ella, en Doña Luz. Me la imaginaba preparándome el puré, con toda su calma y su ternura. Seguro mientras lo hacía, pensó en mí y le puso un poquito de mantequilla y algo de agua fría para suavizarlo, tal como a mi me gusta. 
No les miento cuando digo que estaba delicioso. Si. No era nada del otro mundo, pero tenía el ingrediente más importante del mundo: el amor. Entoces, me puse ñoña y se me aguaron los ojos. Pensé: "mi mamá es un ángel". Y rodaban dos gotas por mis mejillas, mientras recordaba lo temprano que se levantó esta mañana para terminar de ayudarme a preparar la comida. De pronto empecé a recordar muchas de sus dulzuras, encerradas en detalles tan curiosos que sólo un alma sublime puede dar. Pensé en aquella madrugada que se levantó a verme. Yo estaba medio despierta y escuché cuando le dijo a mi padre: "Mírala. Está en la misma posición en la que se acostó". Entonces resolví que estaba espiando mi sueño, como cuando era niña y me enfermaba tan frecuentemente. Siempre iba con sus manos cálidas a toparme la frente o a cerciorarse que estaba respirando correctamente. Si me atacaba la tos, no pasaban 5 minutos para que llegara con una cucharada de azúcar a endulzarme. Me preguntaba si había podido dormir y si quería agua. 
Recuerdo también las veces que me despierta cuando me quedó dormida en el mueble o en la mesa, con la cabeza metida en el cuaderno y el lápiz en la mano. Me toca por la espalda y me ayuda a levantarme, mientras voy refunfuñando y caminando a tientas, media turuleca del sueño. Hasta que no ve que estoy acostada, ella no se duerme. 
¿Qué más prueba quieren? Mi madre es un ángel. Yo mientras vida tenga, no podré pagar sus desvelos, su preocupación por mi, su amor, su entrega, su bondad. 
Mi madre irá al cielo, porque de allí vino. Dios nos la prestó para que viniera a repartir milagros escondidos en cajitas de cristal: frágiles, humildes, invaluables. 
Pido a Dios que me ayude a ser mejor hija, más agradecida. Ojalá que pueda ser tan buena madre, tan buena esposa, tan buena mujer como lo es ella. Aunque lo dudo. Mi madre no tiene par. Recuerden: ella es un ángel.

lunes, noviembre 23, 2009

Mis reales


No sé qué decir primero, si perdón o gracias. Ahora cobran sentido muchos sin-sentidos y se aclaran algunas tinieblas que nublaban mi razón. Mientras leía el Evangelio de la viuda que echaba sus dos reales, sentí algo que punzaba mi corazón. Justo ayer celebramos la fiesta de "Jesucristo, Rey del universo". Yo hice un comentario en el que lo declaraba "Rey de mi vida". Pienso y me río porque es muy fácil decirlo y escribirlo. Pero vivirlo... Que eso sea una realidad es muy distinto.

Llegan a mi mente las veces en que reprochaba y reclamaba a Jesús porque sentía que me estaba quitando las cosas yo más quería... Que equivocada estaba. No me daba cuenta que a las 'cosas' les estaba dando un valor por encima de El, incluso de mi. Son las cosas de Dios o es el Dios de las cosas. Aparece la contradicción. ¿Eres o no el Rey de mi vida? No tengo respuesta.

Esta lectura sobre la viuda que de seguro entregó lo único que tenía, lo que para ella era más valioso, me ayuda a decifrarlo. ¿Qué tanto seríamos capaces de sacrificar por Ti, Señor? ¿Damos todo o sólo lo que nos sobra? ¿Eres el Rey de mi vida o de una parte de ella? ¿O de ninguna?
Es más fácil amarte desde la comodidad de nuestros deseos. Cuando todo está como lo planeamos y tenemos 'todo' lo que queremos. Pero cuando nos toca sacrificar, como Abraham, lo más preciado, ¿somos capaces de seguir amándote, de confiar en Ti?
Si, creo que te entiendo. Es necesario que todo esté en orden. Y el orden es que Tu tengas el primer lugar. Nada más.
En este momento quiero entregarte mis reales. Esos a los que me aferro y que no me dejan amarte y darte el lugar que te mereces. Porque desprenderme de ellos es una muestra de que confio en Ti. Si me lo pides es porque me proveeras. Tu siempre tienes un mejor plan.

miércoles, octubre 14, 2009

"Versus"

Lunas menguantes. Oscurece y el crepúsculo se dibuja como escarmiento de pecados.
Sombras que nublan la vista, soledades que cortan la sangre.
La primavera toma su maleta y se va de viaje, sin voltear la cara, sin decir cuando volverá.
Deja los árboles secos. Las hojas arrugadas, desconsoladas, tristes, a merced de la indiferencia que las pisa.
La ausencia abre la puerta. Como hacker se mete en todas partes del cuerpo. Y lo plaga de olvidos que están llenos de memorias.
La plegaria sube y al mismo tiempo llueve, con desesperación.
Las nubes parecen no tener consuelo y se desquitan del suelo que las mira, absorto, desahogarse.
¿Compasión? Lo lamento, se ha marchado. El barco donde iba naufragó en Alta mar.
Esta batalla de silencios terminó. Pero apenas empieza la guerra... A la luz de las velas, con la esperanza a cuestas.
"Volverá el sol a brillar"... es un acertijo para unos, es una certeza para otros.
"Todo está consumido", dice el Hijo, y expira. Pero entonces es cuando empieza la vida.

lunes, septiembre 14, 2009

Sentimientos de otoño

Iba de camino a mi casa en una "bola" con el papá de mi amiga Denise. Me sonaba el estómago del hambre y la boca estaba reseca por la sed y el antibiótico. De fondo se escuchaban "bachatas". Don Alejandro dice que todo el que se monta con él tiene que aguantar porque eso es lo que a él le gusta. Yo hago una mueca de indiferencia."Es su carro", murmuro. No me gusta mucho la idea, pero reconozco que me entretiene. Nunca he sido muy amante de escuchar este ritmo. No niego que lo bailo, pero con sus excepciones.
Llegando al flotante, el conductor pide por un Cd para ponerlo en medio del tapón. Entre la "pila" que tiene en el asiento de atrás, no lo encontramos. En su ausencia, abogo por uno de Pablo Milanés. Petición que fue concedida, pues a Denise le gusta mucho "Yolanda". Aunque era la número 12, "Yolanda" fue la primera en sonar a insistencia de mi amiga. Yo, feliz.
La transformación fue inmediata. Me perdí en la voz de Milanés, que no quiero describir ahora. Me sumergí en la letra. Viajé lejos del tapón, los cuentos de Don Alejandro y sus pleitos con las indecencias viales que oía como ecos... Tampoco recordaba la falta de agua y comida. Ahora todo estaba muy lejos. Asentía al principio en algún comentario. Luego, ni eso.

"romántica, sin reparar en formas tales
que pongan freno a lo que siento ahora a raudales"...

El toca Cd's nos sigue deleitando, y yo permanezco ausente. Pido que me repitan Yolanda. La he escuchado tantas veces, pero algo personal me pasaba entonces. Cuando logro que me complazcan, Denise adivina mis pensamientos. Dice: "como que oscurece distinto". Yo sentía "con mis ojos" lo mismo. La tarde se perdía distinta. La noche se asomaba con un matiz diferente. Es cierto. Es el cambio de estación. Denise dice que la navidad está cerca. Es cierto. Y ya el tiempo empieza a conspirar y a cambiarlo todo. Pero esta vez para mi será distinto. No me atrapará por sorpresa. Lo he des-cubierto
Llego a casa, borracha de emociones. Se despertaban en mi sentimientos de otoño.


YOLANDA

Esto no puede ser no más que una canción
quisiera fuera una declaración de amor
Romántica, sin reparar en forma tales
que pongan freno a lo que siento ahora a raudales
Te amo, te amo, eternamente te amo.

Si me faltaras no voy a morirme
si he de morir quiero que sea contigo.
Mi soledad se siente acompañada
por eso a veces sé que necesito
tu mano, tu mano, eternamente tu mano.

Cuando te vi sabía que era cierto
este temor de hallarme descubierto.
Tú me desnudas con siete razones
me abres el pecho siempre que me colmas
de amores, de amores, eternamente de amores.

Si alguna vez me siento derrotado
renuncio a ver el sol cada mañana.
Rezando el credo que me has enseñado
miro tu cara y digo en la ventana:
Yolanda, Yolanda, eternamente Yolanda.
Yolanda, eternamente Yolanda.

Pablo Milanés

lunes, agosto 10, 2009

¿Nos estamos comunicando?

Quitando un poco de telaraña a este pobre blog que tiene que soportar mi rezago. Pero es que el tiempo ni me alcanza. Es increíble como se van las horas. De un momento a otro amanece. En otro poco, ya es medio día. Hay que almorzar "juyendo" y no bien reposas, ya es hora de marcharse, de volver a dormir, de volver a levantarse.
El tiempo pasa, se marcha y nos deja a la deriva con nuestros compromisos incumplidos y nuestros afanes. Y si uno se lleva del tiempo... dice Martín Valverde, que Dios inventó el tiempo, tu y yo la prisa. Ciertamente...
He pensado en estos días que muchas veces nos envolvemos en tantos compromisos, intentando escaparnos de nuestra realidad. Inventamos salidas, si es que no las tenemos, con tal de rehuir a nuestros problemas. Sin darnos cuenta que con eso no resolvemos nada. El problema no desaparece, a veces con esta actitud, empeora, crece.
Vivimos, "in a hurry", sin tiempo para nada, si acaso para comer y tomar una ducha. Nos estamos modernizando, estamos al último grito de la moda tecnológica, todo el mundo tiene su BB, y está conectado "24 hours". Sin embargo, andan muchos corazones solos por el mundo. Familias desunidas, pues la casa se convierte en un hotel: un simple lugar de paso, para dormir y comer. Somos amigos de una ventanita de chat que nos habla, y son muchos los que la prefieren a la mirada y el abrazo cálido de uno brazos de carne y hueso. Yo no, yo lo prefiero a la antigua. A pesar de lo tímida que soy.
La gente anda como sonámbula con los oídos enchufados a un aparatito "genial" que almacena miles GB de música gratuita en su propio mundo, o como yo lo digo, en su burbuja, ajeno a todo lo que le rodea.
Antes, en la guagua, solía encontrar más personas con las cuales hablar. Ahora, me conformo con mirar por la ventana, viendo el mundo pasar y faroles que alumbran calles solitarias (como una en la que estaba yo parada hace poco, asustada, esperando "bus", pues un "chico" no tan chico se me había acercado ofreciendome una bola... y el pensaba que yo era India, y que le cambiaría oro por espejitos que brillan).
Sigo y sigo pensando como loca y por todas las cosas que "no veo" y me pregunto: ¿Cuantas cosas se pueden resolver con una simple palabra? Con un "gracias" o "¿cómo estas?", en verdad, ¿nos estamos comunicando?

miércoles, julio 29, 2009

Ayer

Ayer estuve de viaje por la "ciudad corazón". Muchas ocurrencias, risas, escaramuzas "esporádicas" en lo que lograbamos descifrar cómo llegar a nuestro destino, pues andabamos algo perdidos, por allá por la ciudad...
Todo bien. De ida, lluvía en la carretera, objetos hechos de barros, paradores destartalados y ejecutivos, un aura fría de nostalgía entre los árboles, yo tratando de estudiar inglés y seducida por el paisaje, me destraía. Me pierdo en mis pensamientos. Más lluvia... neblina...
Ya en el "pueblo", niños pedían en las calles, un frutero me vendió dos guineos, y otros se afanaban en explicarnos como llegar a la Bartolomé Colón y al sector la Esmeralda.
Casuchas "como en la capital" dice el fotógrafo, cuando pasamos por encima de un puente seco. Admiro los monumentos, nos tropezamos con varios en el camino y yo me marcho por quinta vez de Santiago sin conseguir una foto en uno de ellos. Culpo al fotógrafo... y a mi falta de insistencia.
De regreso, nos topamos con pajaritos, guacamayos y siento tristeza de verlos enjaulados. Admiro las pellizas de colores que veo colgando de los cordeles invisibles agarrados en los palos a la orilla de la carretera. Veo hamacas, y deseo una hermosa como de estilo hindú. Vamos despacio, escuchando una emisora revolusionaria que le canta a Francisco Alberto y a los campesinos. Hay rastros de agua y una ligera llovizna nos cubre.
Llegamos entre atajos de subidas y bajadas muy empinadas, tomadas en un desvio por evitar los tapones por el inicio del "Corredor Duarte" en la Kennedy, una precaución tomada sabiamente en la mañana.
No llego a la casa. Voy a la iglesia, donde me esperan mis hermanos en Cristo y el mismo Jesús. No siento "tal" cansancio hasta que inicia el grupo después de la misa. Pero estoy contenta. Me sacudo los tereques que llevo encima y me uno a la asamblea jubilosa y alegre. Más tarde algo me sucede. Estoy tan inquieta. Esas cositas de Dios tan especiales y que apenas empiezo a probar. Dios se las trae. Entre insistencias y resistencias me dejo guiar por El (eso creo). Soy terca como una mula. Siento miedo. Estoy nerviosa. Y le pido perdón por tanto dudar, por no dejarme llevar.
Me llama el descanso luego de conversar con un amigo. No le hago mucho caso y mami me insiste. Ya es tarde y el mañana no tendrá piedad de mi cansancio. Hago los rituales antes de acostarme, entre ellos orar un momento. Fue breve. Pero no podía irme a la cama sin decirle par de cosas al "Fuerte". Lo amo tanto. Ese sentimiento me llena de paz... Ya me dormí.

lunes, julio 27, 2009

Eehh... Cómo decirlo... Aquí, frente a la compu, repartida entre mis sueños de revolución y la inspiración divina que me hace inclinarme de rodillas. Ambos paralelos que al final se unen, como arena y mar, son influenciados por el sol que me ilumina de frente. Pienso en que ese mismo astro que contemplo con admiración y que me recuerda la grandeza de Dios, es el que brilla sobre casuchas de zinc y rostros adormilados por la angustia que les provoca no saber a qué se levantan hoy.
El mismo sol que entra por el Penthouse, es el mismo que arde sobre la cara de los fruteros, motoconchos y tarjeteros.
Ah! Pero como decirlo... siento un poco de hambre. Me distraigo, me recojo el pelo detrás de la oreja y por fin me animo, tras un respiro: "gracias por todo Señor. Aunque no entienda, gracias. Hoy será un día maravilloso. Aunque ni yo misma me entienda. Gracias".
Cada día hay que dar un nuevo sí. Cada día hay una batalla que luchar. Cada día una esperanza para vencer. Cada día una oportunidad de levantarse y seguir. Cada día, cada amanecer es un volver a empezar. Y en su composición más pequeña, en cada milésima de segundo, Dios nos acompaña, nos guia y nos ama.
Ahí vamos. ¿Me sigues?

viernes, julio 24, 2009

Me sabe a utopía


No quiero ver más pedigueños en las calles.
Ni niños limpiando vidrios cuando deberían estar en la escuela o siendo simplemente eso, niños.
No quiero más pobreza debajo de los puentes y a orillas del río.
No quiero más muertes injustas, ni más drogas destruyendo sueños.
No quiero más viajes en yolas que se pierde en el mar, devorados por la desesperación.
No quiero más políticos corruptos, que se aprovechan del poder y de la buena fe del pueblo.
No quiero más injusticias sociales, ni derechos abusados, ni pena de muerte para los que no tienen dinero para pagar una clínica ni comprar sus medicinas.
No quiero más humillaciones. No quiero tanta inconciencia. No quiero tanta explotación.
No quiero ver sucumbir mi tierra con algo que se parece a la bomba atómica.
No quiero ver animales sufrir en manos del hombre que fue hecho para cuidarlos.
No quiero abusos sobre los más débiles y que no pueden defenderse.
No quiero más mentiras de los poderosos, que se creen más que todos, porque creen tenerlo todo, menos dignidad y moral.
No quiero más estudiantes "quemados" injustamente. No quiero un sistema educativo que sólo sirva para los que pueden pagar.
No quiero más abusos de parte de los transportistas que se piensan los dueños de este país.
No quiero ver llorar a alguien porque no ha conseguido a las 8 de la noche su primera comida del día.
No quiero ver más gente sin dolientes, que llora sola, recostada en el hombro del sin sentido, y secando sus lágrimas con el pañuelo de la falta de amor.
No quiero más indolencia soleándose tranquilamente en las paradisíacas playas de la indiferencia, sin que les remuerda la conciencia.
Sé que suena a utopía. Sé que no es lógico que pida, que quiera esto. Pero no puedo evitarlo.
Mientras camino por las calles de mi ciudad, de pie en una "voladora" o veo las noticias, se me marchitan las alegrias y se me encoge el alma. Los sueños me lo debora la desconfianza que humean las calles.
Perdóname Dios por mi inconformidad, perdona mi desconsuelo. Perdona si me he quedado callada. Perdona las veces que no he llorado con mi hermano, perdona si me he olvidado del más necesitado. Perdona mi egoismo que no me permite ver más allá de mi, y después de mi.
Perdona mi inercia, mi miedo por luchar, por levantar mi voz. Perdona mi falta de caridad, de amor. Perdona.
Quiero un mundo de igualdades, de justicia, de respeto a los derechos a los demás, sin que importe la marca de su pantalón, de sus zapatos o si anda a pie.
Quiero alimentos, salud y educación para todos.
Quiero políticos honestos. Quiero... pero mejor no sigo. Me sabe a utopía.

jueves, julio 23, 2009

Ayuda

A una muy querida compañera de trabajo se le murió su esposo en un trágico accidente. Su nombre es Marlen. Ella es una persona de esas que es imposible no querer. Es dulce, buena amiga y consejera, dispuesta, amable... en fin. Es de las que parece no tener defectos, y aunque los tiene, sus cualidades le hacen sombra.
Una de las actitudes que más admiro de ella es su optimismo. Su manera tan brillante de ver la vida, aunque tenga mil problemas. En los tres años de conocerla, rara vez la he visto enojada o triste. Ella siempre lleva una sonrisa impresa en su rostro, que se amplia cuando te ve y te abraza. Es preciosa.
Pero ahora, ese rostro alegre y esa risa amplia han menguado. No es para menos. Ver a su esposo, (que ha sido su única pareja y a quien conoce desde los 14 años) partir de una forma tan trágica e inesperada a la vez, y ver a sus dos hijas sufrir, es un golpe muy fuerte para ella. Por eso les pido a todos los que lean este post, que oren por Marlen. Que le pidan a Dios que le de consuelo y paz en este momento tan duro. Que el consuelo llegue a su vida en medio de tanta tristeza.
A pesar de todo, ella no ha renegado de Dios y mantiene una actitud firme y de confianza en Él que es sorprendente. Sigamos orando por eso también. Porque Dios le siga dando la fortaleza para asumir este problema y los que vengan con esperanza y fe. No para entender, sino para aceptar ante todo la voluntad de Dios, que es perfecta.
Y aprovecho el momento para hacerles una pregunta, recordando algo que mi amigo Miguel escribió hace varios días. ¿Qué le pasaría a tu fe si algo así te sucediera? ¿Dejarías de creer? ¿Te volverías en contra de Dios? O harías como Job, que dijo: "Si he aceptado de Dios lo bueno, ¿por qué no aceptaremos también lo malo? Yavé me lo dio, Yavé me lo ha quitado, ¡que su nombre sea bendito!".