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lunes, enero 03, 2011

Volver a empezar


Año nuevo: otra oportunidad. Una década ha quedado atrás... En el 2000 yo tenía 14 años. Con nostalgía me puse a leer mis escritos de entonces. Me sonrojé al mirarme en esos versitos tímidos y flojos. Eran mis primeros años de enamorada de Cristo, con la pasión y la inmadurez de una adolescente llena de complejos e inseguridades, y que apenas se conocía a sí misma.

Me miraba en aquella nueva familia que Dios me regalaba: la iglesia y los amigos que aun conservo. Ya han pasado 10 años y recuerdo como si fuera ayer aquellos tiempos de mocedad.

La idea que tengo no es la de rechazar mi pasado. Pero como dice Martín Valverde: "no lo extrañes tanto (el pasado) como para regresar". Ese es uno de mis propósitos más importantes para esta nueva década que recién inicia: dejar atrás y volver a empezar: en lo espiritual, sentimental, profesional, personal... Vivir el hoy. Porque "necesito creer ya no seguir llorando", cito a Martín.

Lo que se estanca muere. Yo no quiero estancarme en mi pasado. En lo que pudo ser y no es. En lo que pude hacer y no hice. En lo que pude ser y no soy. Por eso mi más grande deseo lo encuentro a través de Pablo en su carta a los Efesios: "El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la Gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendaís la esperanza a la que os llama". Sentí que una espada me traspasaba el corazón cuando escuchaba esta lectura anoche en la Eucaristía. Y recordé que fue el mensaje que mi querida amiga Jenny dejó grabado en mi facebook en sus deseos de año nuevo. Cito " Y que este sea el año de poder comprender lo que el Padre desea de ti". Este es el reto que quiero asumir más allá de mis escritos sueltos en el blog. Habrán caídas, lágrimas, cansancio, desilusiones. Pero cuánto me conforta saber que no estoy sola en esta batalla y que encontraré el apoyo para seguir adelante. El primero que está conmigo es Jesús. El, todavía, sigue creyendo en mí.

lunes, agosto 23, 2010

Ojalá que llueva, café.

A ver. El trabajo, que ya empieza la universidad, que en menos de dos semanas me atracaron dos veces, sin pistola, sólo con algo de forcejeo e intimidación. Extrañando escribir sin pautas y especificaciones; sin tener que lidiar con *** a las que hay que acudir, porque hay que hacer el trabajo, que más da.
Escuchando música, leyendo poesía, escribiendo versos impublicables. Tejiendo sueños en tela de araña, dibujando paradojas, enrolándome el pelo mientras tomo café en las mañanas y hablo con Dios.
Entre la pesadez y la desabrida historia que se repite a diario en el carrito público que temo abordar, y las calles transitadas de toda clase de alimañas en carro y a pie.
El esnob me hace estornudar. Soy alérgica al humo de los irracionales que contaminan el mundo con su odioso terrorismo, represión, indolencia... Ashuu!!!!
Extrañando a Don Beiro, su manada de locuras cuando conduce el Sentra azul metálico ya desgastado y desteñido de tanto rodar sin rumbo. La palabra que me inspira al salir de sus labios, sus sueños absurdos, a veces mucho más que los mios, ¡que alivio!
Las vocales, el abecedario, las palabras que se me descubre entre la pila de libros que espero tener vida para leer.
Voy por la calle, camino. Observo y en cada segundo que pasa trato de buscar a Jesús en el que se me atraviesa en frente: el que vende chucherías en la calle, el niño que acuesta su mejilla en el cristal del vehículo, en el friturero, el que vende jugos, en el que se arremanga la camisa y se floja el nudo de la corbata, en la embarazada con los pies inchados de dar tumbos al hospital, en la mirada perdida y desolada del vendedor de "Skin Ice" , en el joven que se "arreginda" de la guagua pública con una mano y con la otra, sosteniendo su futuro en la mascota y el libro deteriorado. Lo busco y casi siempre lo encuentro.
Miro al cielo, dejo que la brisa me saque las lágrimas, cierro los ojos y la fetidez se mete en mis entrañas... no hay remedio.

Recuerdo mis responsabilidades, mi llamado, mi "sí". Imploro un masaje, unos días de vacaciones, ir a misa diaria, tocar guitarra hasta que se me pongan verdes los dedos, inventar alguna receta gourmet en la cocina, hacer un flan de auyama, bañarme en la lluvia.

¿Qué más? Hay mucho más. Pero tengo que poner fin a este post (es que se me hace tan difíciles los puntos finales) y no sé como hacerlo.
¡Ah! Si por si acaso buscan alguna relación entre el título y el contenido del post, no pierdan su tiempo, porque no la hay. (Lo puse porque me acordé de la canción mientras escribía). Es sólo un título y este es sólo uno más de mis retazos de historias, mal escritas o bien. No sé.

Adiós.

miércoles, junio 02, 2010

Veo Veo

De niña solía jugar mucho al "veo veo", sobre todo cuando no había luz y mi papá no nos dejaba salir a jugar con nuestros amiguitos del barrio.
Para los que no conocen de que se trata este juego les explico que, primero, es muy fácil. Se puede jugar de dos o más personas; no hay límites. A quien le toca decir "veo veo" tiene que dar la inicial de la palabra de ese objeto que ve, y el resto tiene que adivinar de qué se trata haciéndole una serie de preguntas respecto a las características de ese objeto. Al que gane le toca poner a adivinar a los demás. Si nadie gana, él mismo sigue invicto hasta que pierda o hasta que quiera. Al menos así lo jugaba yo.
No sé por qué hoy, al leer la lectura del día, me acordé del "veo veo". De aquellas noches que completamente a oscuras, jugaba con mis hermanos, meciéndome a toda velocidad en una mecedora, impulsándome con los pies, mientras miraba fijamente a todos lados para adivinar el dichoso acertijo. Era muy raro que yo logrará ganar. Y cuando al fin lo hacía, mi objeto no era lo suficientemente difícil como para burlar el ingenio de mis jugadores.
Cuando leí el salmo descubrí la posible razón de mis desaciertos. "En ti Señor tengo fijos mis ojos"... De pronto recordé cómo mi mirada y mi mente no se concentraban en el objetivo: fijarme en encontrar el objeto. Siempre he sido muy avispada, inquieta... y eso también es una característica mental. Mis pensamientos siempre van rápidos, vagando por todos los lugares, agolpados juntos, unos tras otro sin pausa. Pienso y pienso y a veces creo que no pienso en nada. Me agoto porque no me concentro por partes sino en todo. Un defecto hace poco descubierto por mi, pero hace mucho descubierto por mi madre.
Cuántas veces no encontramos o alcanzamos nuestros objetivos porque andamos muy distraidos. Nos falta disciplina, concentración, visión, determinación. Ahora recuerdo que solía darme por vencida cuando no adivina de una vez. Recuerdo que mi hermano me regañaba y me decía que tenía que ser paciente y pensar. "Piensa, piensa, no te rindas", me decía.
Yo pataleaba, amarraba los brazos enojada. Y ya, se acabó el juego. Pero mi hermano insistía, y hasta me daba algunas pistas más para que adivinara. Cuando lo lograba me sentía avergonzada. Primero, porque a fin de cuentas se trataba de algo facilísimo. Segundo, porque no había tenido el deseo de seguir y me quejaba antes de tiempo.
Le doy gracias a Dios porque ha puesto a mi lado personas que, cuando he tenido el deseo de desistir y abandonar el juego, me insisten, me ayudan, me soportan mi rabietas de niña malcriada (que es con todo lo peor) y me perdonan cuando, en mis arrebatos, suelo arrasar como huracán con lo que me queda por delante.
Quiero decir como San Pablo: "Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. El nos ha salvado y nos ha llamado a llevar una vida santa, no por nuestros méritos, sino por su propia determinación y por la gracia que nos ha sido dada, en Cristo Jesús, desde toda la eternidad.
Por este motivo soporto esta prisión, pero no me da vergüenza, porque sé en quién he puesto mi confianza, y estoy seguro de que él con su poder cuidará, hasta el último día, lo que me ha encomendado".
Dios, quiero fijar mi mirada en Tí. No quiero cansarme en adivinar tu presencia en mi vida, aun cuando crea que no estás, que te has desaparecido. Gracias por los amigos de juego que me regaleste, porque si no logro adivinarte, con sólo verlos a ellos y escucharlos, es como si te viera y te escuchara a Ti.

martes, mayo 25, 2010

Si, todavía existo

Una entrada corta a modo de señal de humo. Una verguenza ajena y la fidelidad de aquellos que me siguen, me obligan a rendir una explicación por mi larga ausencia.

Trabajo. Tan sencillo y tan complicado como eso. Mi nuevo empleo conquista una importante parte de mi tiempo. Llega la mañana y de pronto, ya es de noche. En el intento por repartirme entre otras responsabilidades termino la jornada agotada. Será hasta que me adapte, pues tengo la esperanza de que, con la ayuda de Dios, sabré disponer con inteligencia de las 24 horas del día sin sacrificar ésto que tanto amo hacer.

Hay planes estrujados en hojas de papel que quiero hacer realidad. No encuentro la forma de alzar el vuelo. ¿Me faltará gasolina? ¿Tendré alguna avería en el motor de arranque? ¿Habrá alguna turbina oxidada? ¿Me hará falta un piloto? ¿o un copiloto? ¿Será que no sé hacia donde voy?

No tengo claras ninguna de las preguntas anteriores, a decir verdad. Pero me siento bien de no ser conformista, aunque me toque pagar un precio muy alto por no serlo.

Gracias a Dios, lo tengo a Él. Que me aguanta todas mis pataletas sin chistar. No se imaginan ustedes como lo amo. Por él todo lo demás cobra sentido y vale la pena.

Mientras tanto, tengo muchas cosas sencillas por hacer: Discutir y reír con Miguel; emprender proyectos locos con Edwin; crecer junto a Más que Vencedores y la Comunidad. Ser la madrina de un o una hija de Violeta e Ismael. Ver crecer a Lía. Luchar por mi familia en todo el sentido de la palabra.
Ver casarse a mi amiga Ana Virginia; compartir con mi hermana Berioska, aprender en la fe de Don Eddy y Doña Nilda; y de poesía y Literatura con Don Beiro. Ser "tía" de un hijo de Ivelisse.
Terminar la carrera, renovar mi visa, redactar artículos, montarme en muchos carros públicos, correr detrás de una guagua.
Conocer nuevas personas, nuevas culturas, leer muchos libros y escuchar música. Perfeccionar mi inglés, mi español y aprender francés.
Amar a mis hermanos y amigos cada día más. Ser menos egoista y más solidaria. Enmendar muchos errores. Hacer mi propio camino al andar, soñar...
Visitar a la gente, recordar los cumpleaños, aprender a tomar vino y volver a bailar ballet o algo parecido.
Ver películas y tal vez adquirir un nuevo celular. La idea de un Blackberry es una posibilidad a la que me resisto pero a la que mi trabajo me empuja. Odio este dilema. Es lo único de toda la lista.

Ya son las 10:30 p.m. Debo descansar. Me despido mientras veo con desdén la medicina que mami pone frente a mi, y pienso en lo que me pondré mañana para ir al trabajo.
Me tomaré una taza de leche antes de irme a acostar.

miércoles, agosto 19, 2009

Bienvenida al mundo real

Fueron las palabras de Fray Miguel. Hizo que recordara que mis situaciones son "de este mundo", no de otra galaxia. Jamás me había sentido tan comprendida como anoche, al hablar con él. Al menos siento un gran alivio, pues muy a mi pesar no tengo una varita mágica, como dijo don Celso Marranzini. Lo peor de todo es que no existen. Me llega a la cabeza Félix Sánchez. Ahora mismo tal vez quiere una, o para cambiar los numeritos que le dieron un penoso octavo lugar o para desaparecer. Lamento la comparación, no lo pude evitarlo.
Mas, aunque nos duela, la realidad hay que enfrentarla con los pies en la tierra y hay que luchar con pecho grande para conseguir lo que queremos. Pero también hay que resignarse cuando no se pueden cambiar las cosas. En esta vida hay que saber cuando detenerse; cuando no se puede hacer más. Llega un momento en que nos toca ser pacientes y esperar, como decimos los cristianos, en la providencia divina.
La vida es dura. Nadie nos dijo que sería fácil. Ni el mismo Dios. Cada prueba, cada compromiso, las responsabilidades, los retos, los sufrimientos, las dudas... tenemos todo que asumirlo con valentía. Aunque muchas veces nos toque llorar.
En estos momentos pienso en María. Como decía F. Miguel: esa chiquilla de Nazaret. Dios le promete grandes cosas: que será bendita entre las mujeres, que dará a luz al Hijo de Dios, que recibirá el Espíritu Santo, que su vientre será bendito. Todo luce maravilloso. Tiempo después la gran y dura realidad: ver sufrir a su hijo, sin poder hacer nada. Imagino que María tenía toda la razón para cuestionar a Dios. Pero no lo hizo. Ella soportó cada azote, cada humillación, cada bofetada, cada insulto... con confianza. F. Miguel decía que mientras Jesús padecía en su carne, ella lo hacía en su corazón. Imagino lo impotente que hubo de sentirse verlo sufrir sin poder intervenir. Recordando que ese 'pequeño' que una vez tuvo en su vientre, que amamantó, que vio crecer y jugar, ahora estaba colgado de un madero.
Y a pesar de tener razones para cuestionar a Dios, no lo hizo. Esperó a que le entregaran su cadáver mientras permanecía de pie ante la cruz... de pie ante la cruz...
Su paciencia, su espera, parece no significar nada, y es todo lo contrario. Como Gedeón, ella fue valiente. No hay para mí mayor valentía que la de no huirle al sufrimiento. Que la de enfrentar con confianza, paciencia y fe, el dolor. Eso sí que es librar una batalla difícil. Como lo hizo María. Y todo esto puedo verlo mejor gracias a Fray Miguel.
Bienvenida a este mundo real sin varita mágica. No la necesito. Me basta con tener paciencia y confiar en Dios.