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miércoles, enero 13, 2016

Cuando débil soy...

"Pero me dijo: te basta mi Gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad. Con gusto pues me preciaré de mis debilidades para que me cubra la fuerza de Cristo". 2 Corintios 12, 9. 

Creo que esa ha sido una de mis mayores luchas espirituales: sentirme, saberme débil. Cuando llega ese momento en el que solamente puedes depender de la providencia de Dios. 

Me sucede con una frecuencia incómoda. No tener las respuestas, no saber qué hacer, esperar... oh, esperar. 

También en mi cuerpo lo experimento. La medicina demora en su efecto. Y hay cosas con las que sencillamente nos toca lidiar de por vida. 

Hoy, sentada en el "sofá de la oración", recordé la cita bíblica que encabeza este post. La primera vez que "nos encontramos" (la cita y yo) estaba atravesando por una situación que debilitaba mi salud. Ahí aprendí que en todo momento, no solo en las buenas, debía dar gracias y glorificar a Dios. 

Suena a locura. Y ciertamente, lo es. Pablo lo llama "la locura de la cruz". Esa es la cruz que nos salva. 

Así que en este momento abrazo mi cruz. Confío en que todo lo que me sucede tiene que ver con el plan de Salvación que Dios pensó y creo para mi. No es fácil. La incertidumbre se puede sobrellevar con la paz... la paz de Jesús. 

La paz no llega por arte de magia. Porque la fe no es parte de un espectáculo. La fe es producto de una relación estrecha con Dios. De esa relación, uno de sus frutos es la paz. 

Abrazar la cruz tampoco significa resignarse o darse por vencidos. Significa aceptar. Aceptar lo que no puedes cambiar y seguir adelante. Y luchar. Sí, abrazar la cruz es parte de una batalla, sobre todo interior. 

Porque abrazar la cruz (y lo repito a propósito) significa la mayoría de las veces negarse a sí mismo; y créanme, no hay batalla más dura que la que libramos contra nosotros mismos. 

Sentada en el sofá de la oración escribo esta nota. Aquí, ahora, decido una vez más confiar en Dios y en su providencia. Oro por mí y por todos y todas las que están librando una batalla que pone a prueba su fe. Oro por los que como yo, a veces se sienten pequeños y frágiles. Por los que sienten que no pueden pelear por su sueños, porque les abruma el mundo. Por los que están llenos de inseguridad, por los que no saben lo que quieren y por los que aunque lo saben, "no saben" como conseguirlo. 

Oro por los que necesitan paz. Por los que esperan. Por los que están tristes y por los que tienen una tristeza fruto de una herida con Dios... por esos que piensan que Dios les ha abandonado. 

Tú que lees: no sé quien eres... pero estoy orando por ti. 

"Cuando débil soy, fuerte soy". 


martes, enero 04, 2011

Estatua de sal

Me encontré a Felivia en el tocador. La abracé de sorpresa por detrás al tiempo que me percataba que conversaba con alguien por el celular. Al colgar, me saluda chispeante, con su sonrisa aniñada y sus ojitos brillantes. Nos deseamos lo mejor para este año; yo aprovecho para contarle sobre mi meta principal -la misma sobre la que escribí ayer en este espacio- a manera de consejo. Felivia inclina la cabeza en señal de aprovación a lo que digo, y me sopla mientras abrimos la puerta: "como la mujer de Lot, que se convirtió en estatua de sal por mirar atrás". Le prometí seguido que escribiría algo al respecto. Sus palabras me acordaron una charla que recibí recientemente en un retiro, en voz de María Isabel Concepción.
"Ganar o perder" se llamaba esa instrucción que estaba inspirada en el personaje de Lot. En resumen, la lección fue descubrir que, ganar o perder, eso nadie lo sabe. A veces pensamos que ganamos y terminamos perdiendo. Como le pasó a Lot, que al separarse de Abraham escogió vivir en Sodoma y Gomorra porque, a la vista, lucía más fertil, más hermosa. Y era cierto. En apariencia lo era. Pero sabemos que esta ciudad era cuna de desastres y abominaciones. Cuando Lot descubrió su esencia y el peligro que corría en ella, tuvo que salir huyendo. Llevó a su esposa e hijas consigo. Al final, Lot terminó perdiendo no solo el lugar donde vivía, sino también a su esposa, que al mirar atrás mientras salía de la ciudad, quedó convertida en estatua de sal. A la larga, Lot, que pensaba haber ganado, perdió.
María Isabel contó una historia personal para mostrar la otra cara de la moneda. Nos habló de su padre, la persona que en vida amaba más que a todo. Cuando enfermó, le pidió al Señor que a cambio de su salud, ella entregaba la suya propia. Aun más. Si se trataba de su vida, ella prefería morír en su lugar. Nos decía que ella no se imagina vivir sin su padre; se sentía incapaz de soportar su muerte.
Ya hace varios años que murió su Papá. Me parece que tenía cáncer. No contó lo difícil que fue entregárselo al Señor y aceptar Su voluntad. Pero una vez lo hizo, hubo una gran paz en su corazón. Comprendió que no era que Dios le quitaba a su padre. Sino que a Dios le pertenece todo, incluso la vida. Él solo volvía a su dueño. Y ese amor que ella tanto le profesaba nada ni nadie podía destruirlo. Ni siquiera la muerte.
Ella que pensaba que perdía, y al final ganó. Ganó en unidad familiar, porque sus hermanos sentían celos de ella por como se llevaba con su padre. La familia se unió más y se acercaron más a Dios, incluyéndola a ella.
También aprovechó para hablarnos de Robert, su esposo. El hombre que, según sus "estándares", era el que menos calificaba para ser su compañero de toda la vida. Pero que resulta, ha sido el perfecto, porque fue el que Dios le tenía destinado. Ahora se confiesa feliz en su matrimonio y muy enamorada. Ganar o perder. ¡Quién sabe!

Una vez se pone la mano en el arado, no vale mirar atrás. Hay que seguir. Si no, se corre el riego de quedar petrificado, que a la larga es peor que morir.

María Isabel nos dejó una enseñanza muy especial. El que confía en Dios nunca pierde. El que se fía de su propio parecer y se deja deslumbrar por lo que "aparentemente" es mejor, corre el riesgo de perderlo todo. Ganar o perder... quién sabe.

lunes, julio 12, 2010

La encontré

Nací para servir. Encontré mi vocación y soy feliz. Feliz de dar. De ver las sonrisas en el rostro del niño descalzo cuando lo abrazo. Del joven que vaga por las calles cuando lo miro a los ojos y lo escucho. Soy feliz cuando puedo perder un poco de mi vida para que otro la gane. Cuando puedo, a través de las palabras o la escritura, llevar alegría y esperanza.
Es verdad lo que dice el Evangelio de hoy: "Quien pierde su vida por mí, la encontrará". Mt. 10, 34 en adelante.
Yo estoy dispuesta a seguir el llamado. Dios apuesta a mi. Yo apuesto a Él. A que con sus fuerzas y con Su amor, yo podré llegar. Podré vencer. El me dará las fuerzas para recorrer el mundo, para ir a llevar con entusiasmo su Palabra. Su luz, Su sabor, que tanto hacen falta.
Gracias Padre, por haberte fijado en la humildad de tu esclava.

lunes, abril 19, 2010

¿Qué significa seguir?

Por un momento pensé que se trataba de un artículo del blog que sigo. Con desilusión, descubrí que era un tema de blogger para explicar de que se trata eso de "seguir".
Sin mucho en la cabeza decidí hacer yo el artículo. Abrí el escritorio, hice "click" en "nueva entrada" y empecé a teclear. Lo que saliera estaría bien. En estos días tengo que sacar fuera, tengo que... dejar salir todo lo que entra a mi mente. Tengo que seguir.
Y, ¿qué significa seguir?
Luchar sin descanso, es decir, no darse por vencido.
Seguir escribiendo aunque nadie te lea.
Salir a la calle con una sonrisa a pesar de haber dormido mal y no tener dinero para comer y pagar el pasaje.
Seguir es corregir los errores. Conservar la calma cuando aparentemente lo haz perdido todo.
Es pintarse los labios de carmín, sentirse orgullosa y valorar lo que eres, después de terminar una relación de años. O después de años de estar sola.
Seguir es sacudirte el polvo, vendarte las heridas, olvidar lo pasado.
Es caminar con la frente en alto cuando acabas de perder el trabajo. Comerte un helado cuando no te fue bien en el exámen.
Seguir es soñar aunque tengas pesadillas. Escribir aunque no llegue la inspiración. Vestirte de rojo luego de un diagnóstico desfavorable de salud. Es perder la batalla pero tener ganas de pelear hasta morir.
Seguir es perdonar y sanar la herida aunque parezca que no tiene sentido. Es amar a aquel que te arrancó el amor.
Seguir es dormir cuando no sabes como pagar las deudas. Es soltar una carcajada cuando se te olvidó la cartera y todos tus cuadernos en el autobús.
Es levantarse temprano a tomar el café cuando el cielo amanece nublado o llueve.
Seguir es subirse el pantalón cuando hay que pasar un charco de agua y ponerse una funda en la cabeza si se te quedó la sombrilla en casa.
Es comerte feliz un helado de coco con batata si no hay para comprar un "Yogen Fruz".
Es "bajarte" y atar el cordón de los zapatos si no aparece quien lo haga.
Seguir es hacer de las cenizas tus alas para volar.
Tomarte el remedio de cebollas y sábila aunque no te guste.
Seguir es eso... seguir. Continuar, no detenerse, mirar hacia adelante, ponerse de pie después de caer... seguir. Tomarse el chocolate caliente agarrando la taza con las dos manos, sonriendo agradecida porque después de todo, si estás viva, entonces no estás vencida... Sigue.

martes, marzo 23, 2010

Estar viva


Emoción. Ganas de reír y llorar al mismo tiempo. Un sentir distinto, como si pudiera tocar el viento, tomarlo de la mano. 

Un horizonte nuevo se levanta frente a mis ojos. Tiembla el alma, el corazón grita, el cielo se aclara. Puedo ver. Tanto, que siento miedo. Hay una sonrisa anclada en los labios: tímida, tonta, ingenua. 

Sucede. No hay explicaciones lógicas, ni ilógicas. Pasa. Llega. Se aproxima. Te toca.

¡Una locura! ¿Será? ¿Por qué preguntas? ¿Por qué respuestas? 

La vida es como el fluir de las olas. Reciclar el agua. Dejarse llevar por la corriente Divina... no estancarse, y otra vez dejarse llevar. 

Empaparse del cristal de la lluvia. Llover con ella. Reflejar el Sol en sus gotas. Cristal infinito, transparente y puro. 

Abandonarse al latir de la tierra. Dejarse seducir por el fuego. Y otra vez dejarse llevar, sin resistirse. 

Soñar. Despertar. Vivir. Dejarse amar. Amar...  Estar viva. 



lunes, febrero 22, 2010

Confianza


Hace días que magullo palabras en mi mente, sin dejarlas salir. He sufrido su encierro, pues si ellas, mis palabras, están presas, también lo estoy yo. Por eso sin pensarmelo mucho resolví escribir como fuera al menos algunas líneas para dejar salir a sorbos todo lo que he estado viviendo en estos días. 
Soy muy afortunada. Cada día trae consigo muchas aventuras, retos, sorpresas. Aunque tengo mis quejas, es mucho lo que le debo al transporte público de mi país. A pesar de lo ineficiente e insoportable que puede ser, no puedo negar que en estos días ha sido una fuente de oración, mi alivio, mi motivo de risas y una oportunidad para conocer personas. A bordo de una "Caribe Tours" en su ruta "31", vi uno de los amaneceres más hermosos de mi vida. Fue hace mas o menos dos semana. Iba de pie, en la "cocina" y cruzabamos el puente de la "17" en una guagua repleta de gente. De un momento a otro, estaba ahí. El sol se erguía tan hermoso en el cielo. Por un momento parecía salir de entre los árboles y mientras lo admiraba, me olvidé del tapón y fuí muy afortunada. 
Sus rayos apenas tocaban mi rostro. Cerré mis ojos y me sentí tan viva. Entonces recuerdo que empecé a darle gracias a Dios por la oportunidad tan hermosa que me daba de contemplarle a traves de la Creación. Pero sobre todo le agradecía que me hablara, pues sin duda en ese momento Dios me decía lo mucho que me amaba. 
Por un instante sentí tanta lástima de las casuchas que parecía rendirse a mis pies. De seguro muchos de los que allí se hacinan, no esperaban con tantas ansias este amanecer. Seguro muchos no tendrían nada que comer y este nuevo día simplemente sería uno más repleto de preocupaciones
Es triste si. Como triste son las sorpresas amargas que llegan cuando menos te la esperas. Por eso son "sorpresas". Como triste despertar con la angustia de estar anclado en el mismo puerto sin saber cuando por fin llegará el día de levar anclas y tomar nuevos rumbos. Si. He estado pensando en eso. Lo he estado viviendo. ¡Ah! Pero Dios no se ha olvidado de mi. No. Ha estado al pendiente de cada una de mis inquietudes para recordarme que debo confiar y esperar en Él. Y vaya que ha insistido. Saben que. Una vez me dolía mucho la cabeza, en una guagua. Estaba preocupada... y no sé cómo empecé a hablar de Dios con alguien y el dolor desapareció. Como por arte de magia. 
Es difícil a veces olvidarse del dolor que nos atrapa, que nos palpita. Pero es la única forma en la que Dios puede actuar: cuando nos abandonamos a Él y confiamos en su Providencia. 
El mejor de estos ejemplos lo acaba de dar una bebé de apenas cuatro (4) días de nacida. Ella ha hecho honor a su nombre, dando una gran lección. Se lo decía a su Papá, que es mi mejor amigo. Les cuento: Hubo un momento en que la madre de Lía Yireh estaba muy delicada. Nunca olvidaré el rostro de mi amigo, sus ojos, aquel jueves a las 10 y algo de la mañana mientras me contaba lo que sucedía. Hizo todo para contener sus lágrimas.... por mantener frente a mi su siempre actitud de confianza en Dios aun en el momento más duro... El no se imagina cuanto lo admiro... Su esposa corría peligro de muerte... y su beba que estaba en su vientre. 
Ante aquel cuadro sólo nos quedaba una opción: abandonarnos a Dios. Depositar en Él la intervención de Jenny, su alta presión arterial y los pulmones de la pequeña Lía. Sólo nos quedaba confiar en Dios. Y para su Honor y Gloria, gracias todo está bajo control. 
Fue hermoso como muchos nos unimos como soldados a esta batalla y para salir más que vencedores. Recuerdo como en un momento, mientras estaba en la clínica, esperando que Chiky, mi amigo, saliera en cualquier momento para darnos noticias, me invadió una gran paz. Tuve la sensación de que Dios mandaba su ángeles y tomaban las manos de quienes intervenían a nuestra hermana... y ya dejé de sentir angustia. Respire, levanté mi cabeza y sonreí. Dios lo tenía y sigue teniendo todo bajo control. 
Pese a las altas y bajas en esta montaña rusa que es la vida, sobre todo cuando se vive tras las huellas de Jesús, estoy convencida que pase lo que pase Su Gracia jamás me abandona. Sé que podré manterme en pie, dando la batalla, aunque a veces llore, como lo hizo mi amigo aquella mañana en mi hombro. Sé que esas lágrimas no son sinónimo de debilidad. Sé que me basta Jesús, pues si soy débil entonces es cuando Él es fuerte. 
No sé como, pero me abandono en las manos de Jesús. Pongo mi mirada en Su rostro y aspiro su perfume. Lo abrazo. Confio en Él. 

martes, diciembre 15, 2009

Tu decides

Caminaba con la mirada a los pies. El sueño de hoy no tiene explicación y lo siento paso a paso mientras me dirijo al trabajo. De repente, subo la cabeza y miro la guagua que viene de frente. Hay un letrero en su vidrio frontal que me espabila: "Todo a su tiempo". El ruido de un tránsito que empieza a aglomerarse en la 27 con Máximo Gómez no consigue desviar mi atención. El mensaje ha llegado a su destino. Que bueno que levanté mi cabeza a tiempo. Sólo atiné a decir: "Gracias Señor por escucharme" y sonreí. Pienso que ambos lo hicimos, y ahora sonrío con mis ojos adormilados. 

   Reflexión. 

Cuando en la vida atraviesas por momentos difíciles, tienes dos opciones: dejar la cabeza abajo o levantarla. El riesgo que corres es el de perderte lo que hay para tí si no te atreves a levantar la mirada. Es posible que la respuesta que esperas esté más cerca de lo que piensas. Incluso puede estar frente a ti, o mejor aun, venir hacia ti, como en este caso lo hizo la guagua, lo que también significa que "eso" que buscas, puede estar en el lugar que menos te imagines. Pero si tienes los ojos en el suelo, te lo perderás. No lo verás. 

De todos modos los problemas seguiran existiendo. Son parte de la vida. En nuestras manos está decidir dar la batalla o rendirnos. Asumirlos con valentía o cobardía. Ser positivos o negativos. Verlos como desgracias o como oportunidades. Que sean piedra de tropiezo o puentes hacia la madurez y el crecimiento. Una maldición o una bendición. Un problema... o una enseñanza. 
Está en tí y en mí decidir que serán, que son. Aunque sea difícil y doloroso. Todo obra para bien a los que esperan en Dios. 
Los impulsos son los que nos mueven a actuar. Tenemos dos opciones: dejarnos llevar por ellos o ignorarlos. Es tu vida. Tu decides. 

lunes, noviembre 23, 2009

Mis reales


No sé qué decir primero, si perdón o gracias. Ahora cobran sentido muchos sin-sentidos y se aclaran algunas tinieblas que nublaban mi razón. Mientras leía el Evangelio de la viuda que echaba sus dos reales, sentí algo que punzaba mi corazón. Justo ayer celebramos la fiesta de "Jesucristo, Rey del universo". Yo hice un comentario en el que lo declaraba "Rey de mi vida". Pienso y me río porque es muy fácil decirlo y escribirlo. Pero vivirlo... Que eso sea una realidad es muy distinto.

Llegan a mi mente las veces en que reprochaba y reclamaba a Jesús porque sentía que me estaba quitando las cosas yo más quería... Que equivocada estaba. No me daba cuenta que a las 'cosas' les estaba dando un valor por encima de El, incluso de mi. Son las cosas de Dios o es el Dios de las cosas. Aparece la contradicción. ¿Eres o no el Rey de mi vida? No tengo respuesta.

Esta lectura sobre la viuda que de seguro entregó lo único que tenía, lo que para ella era más valioso, me ayuda a decifrarlo. ¿Qué tanto seríamos capaces de sacrificar por Ti, Señor? ¿Damos todo o sólo lo que nos sobra? ¿Eres el Rey de mi vida o de una parte de ella? ¿O de ninguna?
Es más fácil amarte desde la comodidad de nuestros deseos. Cuando todo está como lo planeamos y tenemos 'todo' lo que queremos. Pero cuando nos toca sacrificar, como Abraham, lo más preciado, ¿somos capaces de seguir amándote, de confiar en Ti?
Si, creo que te entiendo. Es necesario que todo esté en orden. Y el orden es que Tu tengas el primer lugar. Nada más.
En este momento quiero entregarte mis reales. Esos a los que me aferro y que no me dejan amarte y darte el lugar que te mereces. Porque desprenderme de ellos es una muestra de que confio en Ti. Si me lo pides es porque me proveeras. Tu siempre tienes un mejor plan.

domingo, noviembre 22, 2009

Con los ojos cerrados


Quiero seguirte. Sucede que a veces me siento confundida. Todo quiero entenderlo, buscarle una explicación humana a lo divino. Pasa que la vida está llena de cosas a enfrentar y a veces no quiero aceptarlo. Me cuesta. Me cuesta doblegar mi orgullo y abandonar mis miedos. Si. Tengo miedo. A lo incierto, al ahora. Si, al presente, al dolor actual... ese mismo que conoces y que junto a mí haces tuyo; de eso no tengo ninguna duda, aunque quiera a veces reprocharte. Es una excusa que uso para justificarme y ser rebelde, y revelarme.

Ya no me quedan argumentos. No tengo nada que darte. Nada de valor con lo que te pueda impresionar. Lo único que tengo es esta vida, que ya es tuya. Tómala, te la ofrezco. Así con sus ñoñerías, con sus temores, con su falta de fe, con su inseguridad... te la doy. Acéptala como ofrenda del amor que te tengo, imperfecto por demás. Ahora, en este momento, con la vista nublada por el cristal que se asoma a mis ojos, me abandono a Ti. Hace mucho que estoy en reserva, viviendo de Ti, alimentada por Ti. ¡Qué hermoso es saber que Tu haz estado conmigo, en esas noches frías de mi soledad! ¡Qué eres fiel! Si no fuera por Ti, por tu amor, que sería de mi...

No te voy a negar que es un sacrificio lo que me pides... A veces creo que es una locura que no podré resistir. Dejarme moldear por Ti no es fácil. Pero te amo. Y quiero "querer" lo que deseas para mi. ¿Y qué es lo que quieres? No lo sé. Lo único que te pido es que me des las fuerzas para seguir. Que me des un corazón humilde, dispuesto para amar. Como el de un niño: tierno, dócil, alegre. Si. Quiero ser alegre, estar alegre. Quiero confiar en Ti. Así como Abraham, como Daniel, como Jeremías, como Ezequiel. Como María, como Pedro, como Pablo, como la Madre Teresa. Como el Centurión, como el ciego de Jericó. Mejor, como el ciego de Betsaida. Ese que primero tomaste de la mano y te llevaste fuera del pueblo, antes de devolverle la visión. Yo quiero ser como él. Confiar en Tí aunque no vea el camino por dónde me llevas. Y si es necesario que no "vea" para que no me suelte de Tu mano, entonces, que no vea. Quiero seguirte, con los ojos cerrados.

"La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve". Hebreos 11, 1.

martes, septiembre 29, 2009

Lucha


Desperté con espíritu de lucha. Con energía, con valentía. Con lágrimas en los ojos, pero sin rendirme. Las tribulaciones no significan derrota. En mi lengua se traducen en fortaleza. Como dice el apóstol Pablo: "Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados... Por eso no desfallecemos. Aun cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de día en día. En efecto, la leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna, a cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las cosas visibles son pasajeras, mas las invisibles son eternas." 2 Corintios 4, 8-9. 15-18.

Esta es mi fe. La de perseverar confiada en la Promesa. Porque sé que puedo perder muchas cosas, pero jamás mi vida, porque ella está
guardada en el amor de Dios.
Que venga el río, que sople el viento... pero mi casa no se caerá. Quién tiene la última palabra en esta historia que es mi vida es Dios, no los problemas, ni las tentaciones, ni las carencias económicas, ni nada.
Por eso estoy dispuesta a luchar. Prefiero morir en la batalla que vivir dándome por vencida. He aprendido que el que se rinde, es como si muere.
Hermano: lucha por tus ideales, por tus sueños, por tu libertad. Pelea el buen combate. Y cuando sientas que no tienes fuerzas, alégrate, porque justo en ese momento, comienzan las de Dios.

"
Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza". Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo.
Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte".
2 Corintios 12, 9-10.



lunes, septiembre 14, 2009

Catarsis

Gracias a quienes estuvieron acompañando con sus oraciones "Descálzate". Para la gloria de Dios todo fue maravilloso. Y eso, que sólo fue un pequeño soplo de lo que nos promete más adelante. Las cosas van en serio "con nosotros". Dios ha estado grande y estamos alegres.
Me sentí muy feliz de ver rostros "nuevos y viejos" re-encontrarse. Lágrimas de purificación como síntoma de "catarsis" de corazones oprimidos y que ya no más.
Me detuve un momento a "contemplar-le" y quedé impactada. Yo también me liberé de mis temores y confié. Sin darle importancia a lo que piensen los demás, obedecí al Creador y me dejé llevar. Me olvidé de mis "razones" y aposté a sus locuras. ¡Qué sabias son!
Y mientras me sumerjo en mis pensamientos, en mi "cruz", siento su mano acariciando mi pelo y a su voz susurrarme: "Nazaret (haciendo fuerza en la última sílaba), tranquila, todo va a estar bien".
Me alivia saber que no terminaré perdiendo la cordura. Aunque si es por estar con Él, no importa que me llamen loca.

PD. Gracias a Soranyi por el poemario. Apenas llegó a mis manos y me lo estoy leyendo con avidez, cual forastero sediento que ha encontrado un manantial. Gracias.

Los poemas son de Ginny Taulé Paiewonsky. Me permito copiar un verso -con su permiso- de "vivir a medias" que me encantó.

"Cada día entregarse al momento
atreverse a fluir,
una potencial aventura, una sorpresa no planificada,
escapar lo cotidiano.

Lo cotidiano se crea al repetirse,
decimos que no lo queremos
pero nos aferramos a sus rituales, a sus rincones.
a la segura semiluz de lo conocido.
Como si de ese escurrirse dependiera la vida,
cuando es justamente lo contrario".

lunes, agosto 31, 2009

¡Dios es WAO!

Sin muchas palabras. Es curioso. Me han pasado tantas cosas en estos días... tantos sentimientos encontrados. Sucesos, enojos, mucho trabajo y un cierre de oro este fin de semana.
Por un lado la despedida del hermano John Morales quien se va a terminar sus estudios a España hasta finales de año que viene. A él le deseo lo mejor y que Dios le acompañe a cada momento. Que le ilumine y le de la fortaleza de resistir las pruebas que se le presenten en el camino.
Por el otr tengo que decir es que el día de ayer, domingo 30 de agosto, quedará marcado como un día especial: Dios, que se hace presente de forma extraordinaria, en lo ordinario. Siento que a partir de ayer, he dado un paso más, confirmando que mi vida no es más la misma desde el momento en que Dios se hizo presente.
Estoy inmensamente agradecida por quienes me rodean. Por todas las personas que se han cruzado en mi vida. Dios me ha bendecido de una manera tan especial con los amigos, que me siento a deuda. Ellos me motivan a ser mejor persona y a luchar con valor, con ánimo, con esperanza y alegría.
Definitivamente que me siento privilegiada. Tengo a Dios en mi corazón y aunque es difícil decir que sólo él me basta, quiero que así sea.
Todo lo demás queda opacado ante su grandeza: los problemas, las angustias, las pruebas... la incertidumbre, la cobardía... todo. Me quedo sin palabras ante Él. Y eso es mucho decir.
A resumidas cuentas: ¡Dios es WAO!

jueves, agosto 20, 2009

Despierta


Desperté esta mañana medio azorada pues la alarma le dio por no sonar. La costumbre de mirar por la ventana que ahora tengo de frente, me salvó. Veía el cielo muy claro para que fueran menos de las 5:30 a.m, hora a la que está supuesta sonar la alarma. Minutos después de mi "primera acción de gracias" por un cielo tan bello, miro el reloj algo extrañada. Sorprise!! Son las 5:50 am. Wayyy!!! Me levanto "juyendo", tomo el gorro de bañarme y los demás utensilios propios de la rutina matutina, y me dispongo a botar el sueñito que ya estaba cojiendo, con el agua fría que sale de la ducha. UUfff!! Debo darme prisa. Papi ya coló el café (saldría temprano) y no quiero que se me enfrie. Me apuro como puedo. Temo que llegue Golsky y me encuentre con la camisa a medio abotonar. En todo mi "corre corre", estoy pensando en esta canción que interpretó Salvador Gómez en una de sus charlas: "Despierta, despiertate, Sión. Ponte el vestido más bello. Quítate el polvo y álzate, danza Jerusalén". Tomo el café, me peino y sigue la canción. Doy vueltas recogiendo un poco de 'cosas' en la casa -ya que Gols todavía no llega- y me persigue "despierta". La bocina anuncia mi 'bola', subo al carro, y los merengues de la época dorada que que se sintonizan en Fuego 90, no alejan de mi pensamiento la voz estruendosa de Salvador cantando "Despierta, despiertate..."
Digo al Señor: "Creo que estoy lo suficientemente despierta, ¿no crees?" Ah! Claro, pero este es otro tipo de "despertación" (ay mi madre, que me perdone la Real Academía, jejejejeje!). Voy pensando en ello luego de desmontarme en la México con Máximo Gómez e ir caminando. Al momento veo a un señor algo mayor bastante desmejorado y harapiento empujando en la Gómez su carrito de jugos de diversos colores, con una apariencia muy parecida a la de su dueño.
En eso, justo cuando lo miro entre la pena y la conciencia de que no venderá ni un jugo, pues lucen bastante "intomables", me llega a la mente la lectura de Pablo a los Efesios, que dice:
"Despierta tú que duermes
y levántate de entre los muertos,
y te te iluminará Cristo" Efesios 5, 14b.
En otras Biblias dice al final: " Y la luz de Cristo brillará sobre tí".

Como rayo de luz siento esta lectura que traspasa mi mente. La pienso a la vez que canto 'Despierta, despiertate...".
Dios nos reta a un despertar, a una conciencia. No sólo limitado a los cristianos. En esto no hay excusas ni exclusas (cito a Benedetti). Estos tiempos exigen una actitud 'de todos' ante las situaciones de crisis, corrupción, la falta de valores, el analfabetismo, la pobreza, la enfermedad... No de indiferencia ni de timidez, sino de valor, de esperanza, de entrega. Despertar ante las injusticias que nos llegan como avalancha. Ante los atropellos a los más débiles. Los engaños. La indolencia que corroe los corazones y los hace mezquinos, ávaros, fríos. Esa (indolencia) que además hace que nos olvidemos del prójimo, y seamos egoistas.
Pero no es sólo despertar, es decir, tener conciencia de lo que está pasando. Hay que levantarse, lo que significa "hacer algo", no quedarse como simple expectador que mira desde su cómodo asiento lo que pasa en el juego.
Desde nuestra realidad, dígase trabajo o como estudiante, vecino, amigo, hermano, padre, hijo, podemos actuar. No hay excusas, pues existen miles de formas sencillas y simples de hacer la diferencia.
Dicen que de gota o gota se rebosa la copa. Así que no importa lo pequeño que te sientas, o que pienses que no tienes nada que dar. Todo es necesario. Hasta preguntarle a alguien cómo está, regalarle una comida a un vendedor en la calle... no sé. Hay miles de formas. La decisión está en nuestras manos. Nosotros podemos, si así lo queremos, ser sal y luz de este mundo.

Gente, termino parafraseando una canción de Janio Lora: ¡¡¡Santo Domingo despierta!!!

miércoles, agosto 19, 2009

Bienvenida al mundo real

Fueron las palabras de Fray Miguel. Hizo que recordara que mis situaciones son "de este mundo", no de otra galaxia. Jamás me había sentido tan comprendida como anoche, al hablar con él. Al menos siento un gran alivio, pues muy a mi pesar no tengo una varita mágica, como dijo don Celso Marranzini. Lo peor de todo es que no existen. Me llega a la cabeza Félix Sánchez. Ahora mismo tal vez quiere una, o para cambiar los numeritos que le dieron un penoso octavo lugar o para desaparecer. Lamento la comparación, no lo pude evitarlo.
Mas, aunque nos duela, la realidad hay que enfrentarla con los pies en la tierra y hay que luchar con pecho grande para conseguir lo que queremos. Pero también hay que resignarse cuando no se pueden cambiar las cosas. En esta vida hay que saber cuando detenerse; cuando no se puede hacer más. Llega un momento en que nos toca ser pacientes y esperar, como decimos los cristianos, en la providencia divina.
La vida es dura. Nadie nos dijo que sería fácil. Ni el mismo Dios. Cada prueba, cada compromiso, las responsabilidades, los retos, los sufrimientos, las dudas... tenemos todo que asumirlo con valentía. Aunque muchas veces nos toque llorar.
En estos momentos pienso en María. Como decía F. Miguel: esa chiquilla de Nazaret. Dios le promete grandes cosas: que será bendita entre las mujeres, que dará a luz al Hijo de Dios, que recibirá el Espíritu Santo, que su vientre será bendito. Todo luce maravilloso. Tiempo después la gran y dura realidad: ver sufrir a su hijo, sin poder hacer nada. Imagino que María tenía toda la razón para cuestionar a Dios. Pero no lo hizo. Ella soportó cada azote, cada humillación, cada bofetada, cada insulto... con confianza. F. Miguel decía que mientras Jesús padecía en su carne, ella lo hacía en su corazón. Imagino lo impotente que hubo de sentirse verlo sufrir sin poder intervenir. Recordando que ese 'pequeño' que una vez tuvo en su vientre, que amamantó, que vio crecer y jugar, ahora estaba colgado de un madero.
Y a pesar de tener razones para cuestionar a Dios, no lo hizo. Esperó a que le entregaran su cadáver mientras permanecía de pie ante la cruz... de pie ante la cruz...
Su paciencia, su espera, parece no significar nada, y es todo lo contrario. Como Gedeón, ella fue valiente. No hay para mí mayor valentía que la de no huirle al sufrimiento. Que la de enfrentar con confianza, paciencia y fe, el dolor. Eso sí que es librar una batalla difícil. Como lo hizo María. Y todo esto puedo verlo mejor gracias a Fray Miguel.
Bienvenida a este mundo real sin varita mágica. No la necesito. Me basta con tener paciencia y confiar en Dios.

jueves, julio 30, 2009

Verdadero amor

Estoy muy conmovida. Soy una romántica empedernida y no sé como evitarlo. Pero con lo que acabo de ver se justifica. A simple vista puede parecer un simple video de una boda. Más mientras lo observa y escuchaba detenidamente, vi un amor tan puro y bendecido por la Gracia de Dios, que no pude evitar la emoción. Eran tan hermosos sus rostros. Resplandecían de alegría. Sus ojos se miraban con una complicidad tierna. El amor se les escurría por todas partes, como si no les cupiera dentro. Se nota que son muy felices juntos. Un taiwanés y una dominicana con un amor nacido en "el amor" de Dios. Hecho realidad gracias a El. Wao, es hermoso.
Lo ví una y otra vez. Ya al final no pude contener mis lágrimas. La canción me tocó profundamente, pues denota el amor perfecto. Ese que perdura a pesar de todo: en las buenas y en las malas, en la fuerza o la debilidad, en el pecado o en la gracia. "Ante todo y sobre todo te amaré".
Felicidades Yuan y Laura, porque creen contra toda esperanza en que el amor que Dios nos da, no lo separa ninguna fuerza humana. Y gracias por dar ejemplo a los demás de lo bello que es encontrar tu pareja en el Señor. De que "a otros" nos den ganas de soñar con un amor así. Quisiera decir más, pero no puedo describir lo que siento... Estoy muy feliz. Su historia me llena de esperanza y me alegra muchísimo.
Gracias y que Dios les bendiga y les acompañe hasta el final de los días en esta Tierra.

lunes, julio 27, 2009

Eehh... Cómo decirlo... Aquí, frente a la compu, repartida entre mis sueños de revolución y la inspiración divina que me hace inclinarme de rodillas. Ambos paralelos que al final se unen, como arena y mar, son influenciados por el sol que me ilumina de frente. Pienso en que ese mismo astro que contemplo con admiración y que me recuerda la grandeza de Dios, es el que brilla sobre casuchas de zinc y rostros adormilados por la angustia que les provoca no saber a qué se levantan hoy.
El mismo sol que entra por el Penthouse, es el mismo que arde sobre la cara de los fruteros, motoconchos y tarjeteros.
Ah! Pero como decirlo... siento un poco de hambre. Me distraigo, me recojo el pelo detrás de la oreja y por fin me animo, tras un respiro: "gracias por todo Señor. Aunque no entienda, gracias. Hoy será un día maravilloso. Aunque ni yo misma me entienda. Gracias".
Cada día hay que dar un nuevo sí. Cada día hay una batalla que luchar. Cada día una esperanza para vencer. Cada día una oportunidad de levantarse y seguir. Cada día, cada amanecer es un volver a empezar. Y en su composición más pequeña, en cada milésima de segundo, Dios nos acompaña, nos guia y nos ama.
Ahí vamos. ¿Me sigues?

martes, julio 21, 2009

¿Locuras?


Intento explicar todo lo que me sucede. Es, si aplicamos el sentido común, una locura. Una cadena de soluciones llegan a mis problemas de una forma providencial. Debo reconocer que estoy aprendiendo a soltar y abandonarme a Dios. Trato de no mortificarme por lo que no pueda resolver y le doy gracias a Dios a pesar de todo, decidiendo enfrentar cada traba con amor y esperanza. Y los resultados han sido tan incríbles como inmediatos: cosas perdidas aparecen; injustas calificaciones, mejoran; preguntas difíciles tienen respuesta, enfermedades (no sólo físicas) tienen cura... en fin. He encontrado "una aguja lógica en un pajar de incoherencias"(cito a Matilde Asensi). Y esa lógica no es más que la voluntad de Dios. Si. La que me ayuda a aceptar y no a comprender. Resuelvo que es la mejor manera de ganarle terreno a lo incomprensible, en tanto aparece la respuesta.
Creyendo que estaba perdida, he encontrado un guia que me conduce por un camino, que aunque incierto, me parece seguro. El guia no es más que el Espíritu Santo. Su luz brilla tan fuerte, que hace del sendero más tenebroso, un paisaje tranquilo y seguro.
Como soy tan cobarde, mi Padre me ha regalado una armadura que es capaz de defenderme contra toda maldad: su amor. De manera que nunca me siento sola. Pase lo que pase, estoy convencida que mi vida está guardada en su amor.
Todo esto me parece una locura. Lo que vivo y lo que me falta por vivir. Las que cosas que me faltan por hacer y los planes que tiene Dios para mi. Me parece una aventura osada. Cumplir la voluntad de Dios, no es un "maíz". Pero sé que aunque me cueste, Dios proveerá y al igual que al pueblo de Israel, me defenderá, y veré la victoria que me ha de conceder. Su brazo no conoce la derrota. Estoy a salvo. Él, peleará por mi.

jueves, julio 02, 2009

Dios Proveerá

Es curioso, pero no coincidencia. Durante las vacaciones estuve meditando varios "personajes" de la Biblia. Uno de ellos es Abrahán, nuestro Padre en la fe. Creo que lo comenté recientemente en un post. Pues siento que Dios está me está probando para saber hasta donde soy capaz de llegar por Él. Si en verdad puedo abandonarme en sus brazos y confiar plenamente en Él. Y eso implica un sacrificio. El de ofrecerle todo lo que tengo, todo lo que soy, lo que más quiero en la vida... Y es precisamente, lo que hace con Abrahán.
Me llama poderosamente a la atención varias situaciones que se presentan en la primera lectura de este día, en la que se relata el sacrificio que hizo Abrahán. En una parte, Dios le dice: "toma a tu hijo único, al que quieres..." Dios sabe que es su única descendencia, pues su otro hijo, Ismael, sería bendecido por Dios, pero su verdadera descendencia procedería de Isaac, el hijo dado en la ancianidad junto a su esposa, estéril e igual de 'adulta', Sarah.
Dios le recalca que tiene que ofrecerle lo que él más quiere, lo que tanto había deseado. Y resulta que ahora tiene que matarlo... sacrificarlo. Y Abrahán, imagino que con gran pesar, pero no con menos confianza, hizo obediente lo que Dios le había pedido.
Eso muestra dos cosas. No sólo que Abrahán confía sin dudas en Dios. Sino que le ama sobre todas las cosas. Isaac no es más que el fruto de un milagro dado por Dios. Lo único que estaba haciendo era devolviendo algo que le había sido dado. Surge una pregunta para muchos: ¿Para que dárselo, si luego se lo pediría? Pero Abrahán, que no tiene dudas, estaba seguro que si Dios le había prometido algo, el cumpliría con su promesa, sea como fuere.
La otra parte que me impresiona, es la respuesta que da Abrahán a su hijo, camino al monte del sacrificio. Isaac, ingenuamente pregunta: "Padre... ¿dónde está el cordero para el sacrificio?" Abrahán responde: "Dios proveera el cordero..."
Todos sabemos como termina la historia. Dios envia a un ángel que detiene a Abrahán cuando está a punto de degollar a su hijo "único, que el quiere", reconociendo que ni siquiera se ha reservado a su "único hijo" delante de Dios.
Y como Dios, jurando por sí mismo, lo colma de bendiciones, porque le ha obedecido (Gn. 22, 17.18b).
Abrahán es grande porque supo creer y esperar contra toda esperanza (Romanos 4, 18). No quiso entender, razonar lo que Dios le pedía. Obedeció. Hizo silencio.
Cuántas veces nosotros intentamos entender a Dios, para entonces aceptar su voluntad. Pero a Dios, que es tan grande, no podemos querer entenderlo con nuestra pequeñez. Es como querer guardar toda el agua del mar, en una cubeta. Así de ilógico.
Dios es bueno y cumple sus promesas. Eso basta. Saber que Dios es capaz de obrar en lo que parece imposible. Creyéndole "a Él" que todo lo puede.
Me siento tan regocijada en el Señor por esta palabra que hoy me regala. Confirmando una vez más, ante mi terquedad, que es capaz de hacer cosas que yo ni me imagino. Que Él es fiel, amoroso, y jamás se olvida de mi. Jamás. Dios no me deja. Sé que, pase lo que pase, Dios va caminando conmigo, pero no alante y yo atrás. El está a mi lado, y me lleva de la mano.
Yo, ante todos, declaro que a ti te entrego, Dios mio, mi Rey, por medio de mi amado Jesús, todo lo que quiero en mi vida, lo que más deseo, te lo entrego. Es tuyo. Tu, haz lo que quieras.
Sé que te tengo a Ti. Eso me basta. Tu eres mi proveedor, en Tí confío. Son tuyos los tiempos, no mios. Todo llegará en su momento, cuando lo entiendas necesario. Y será lo que Tu quieras.
Me abandono a Tí Jesús. Dame fuerzas para amarte y creer en ti, y esperar contra toda esperanza. Amén.

miércoles, julio 01, 2009

De vuelta

En principio, fue algo difícil levantarme. 5:45 a.m marcaba el reloj, y se supone que debía saltar de la cama, tomar una ducha y empezar a programarme para la "faena" del día. La idea no me molestaba. Las vacaciones me hicieron pensar que no es tan pesado como se pinta. Si la misma Palabra nos dice que el trabajo dignifica al hombre.
Mientras me vestía, le daba gracias a Dios porque tengo motivos para levantarme. Porque tengo sueños por los que luchar y esos no se consiguen dormida en una cama hasta media mañana. ¿Qué el descanso es vital? No hay duda. Pero por el fruto de nuestro esfuerzo somos recompensados, no sólo económicamente, sino moral, emocional y hasta espiritualmente. Con nuestro empeño, no sólo nos ayudamos, sino que ayudamos a quienes nos rodean. Edificamos.
Al mirar el cielo iluminado ya a las 6:45 am, a bordo del vehículo que me encamina hasta la oficina, sentí un gran alivio: aun tengo trabajo. Y tengo razones de sobra para decirlo y repetir reiteradas veces, gracias Dios. La situación, que no es un secreto, no está nada fácil. Más creo contra toda esperanza que pase lo que pase, "la esperanza no falla, porque el amor de Dios, ha sido derramado en nuestros crazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado". Romanos 5, 5. Dios es mi Gran esperanza (salmo 71, 5). Con él no tengo porque temer, porque el es mi roca y refugio.
Así que hoy me siento muy optimista. Y vengo a reanudar mis labores con todas las ganas, esperando en Dios. Lo que me toque, lo aceptaré con amor (con la ayuda de Dios). Esa será mi bandera, mi distinción. El amor. En medio de altas tarifas eléctricas, golpes de Estado, aviones cargados de "malas noticias", "tirijalas" de cementeras, pretendo ser una luz. Aunque parezca para muchos una novela de ficción. Esta será mi vida, contada siempre bajo la sombra de Cristo, amarrada a Él. Sólo de decirlo, me hace sentir comprometida. Ser y hacer la diferencia... no pienso que sea nada fácil. Pero al mismo tiempo, tengo esa sensación agradable en el estómago, de emoción, ilusión...
¡A luchar! Que hay muchos que necesitan saber que no todo está perdido. He vuelto.